La impronta del shock y del trauma

17.05.2013 18:21

 

 

Cualquier suceso que sobrepasa o agobia al individuo a cualquier nivel: espiritual, psicológico, fisiológico y/o estructural puede imprimir en él un shock. A menos que se resuelva, el shock tendrá su impacto a todos los niveles de la vida de la persona. La impronta del shock y del trauma se graba en nosotros e interrumpe nuestro acceso al sentido del yo, al desarrollo psicológico y de las capacidades de aprendizaje, al funcionamiento motor y sensorial, a las funciones orgánicas y autónomas, a la propiocepción, al equilibrio, a la función  de coordinación y a la integridad estructural. La resolución de las improntas de shock pre y peri-natales tiene lugar cuando la huella de shock se transforma, permitiendo a la persona el acceso ininterrumpido a su ser fundamental y al funcionamiento integrado de su organismo. La terapia craneosacral biodinámica proporciona a las personas de cualquier edad, incluyendo bebés, la oportunidad única de curarse y resolver el shock y el trauma del nacimiento. 

En general, después de nacer, el niño tarda tres semanas en emerger de las alteraciones producidas por el estado de shock. Algunos niños pueden necesitar tres meses o más. Sin embargo, el hecho de emerger de las alteraciones que conlleva el shock no significa que el niño está curado del trauma producido. La mayoría emergen del periodo de alteraciones debidas al shock desarrollando hábitos de supervivencia y compensación directamente influidos por la impresión del shock.

 

observar y reconocer las señales y ritmos del neonato, las respuestas que demuestran atención (la dirección en que dirige su atención hacia el mundo externo y cómo retira la atención del mundo externo), los estados de conciencia, las pautas de movimiento, los comportamientos reflejos, la tonalidad musculoesqueletal y los cambios de tono de hipertónico a hipotónico, las expresiones verbales (murmullos, arrullos, risas, diferentes llantos), expresiones faciales y preferencias posturales. 

 Algunas alteraciones que podemos observar producidas por el shock agudo son las siguientes: 

  • Ojos vidriosos

  • Ojos que no convergen normalmente, sino que se cruzan o separan

  • Incapacidad total o parcial de orientarse ante estímulos visuales, auditivos y táctiles

  • hipotonicidad generalizada o ubicada en un área específica

  • respuesta de enfado o sorpresa ante el sonido y el movimiento

  • movimientos discontinuos o espasmódicos de las extremidades

  • temblores involuntarios

  • sensibilidad táctil al toque directo y la proximidad

  • sonidos de llanto débiles, superficiales o vacíos

  • sonidos de llanto agudos

  • llanto inconsolable, perderse en las emociones sin poder hacer contacto visual, auditivo o táctil

  • llanto frecuente sin razón aparente

  • ausencia parcial o total de alerta en estados de vigilia

  • sueño de retirada ante estímulos sensoriales de luz, sonido o movimiento

  • moldeamiento craneal no resuelto

  • pautas posturales no resueltas

  • pautas de tensión craneal

  • pautas de movimiento craneal no fisiológicas

Un tipo de movimiento que muestra una ruptura evidente de la continuidad integral del neonato es el movimiento espasmódico. El sistema nervioso del niño es incapaz de producir una señal motora integrada que cree un flujo consistente y continuo desde el neocórtex. Se observa que los niños no-traumatizados, incluyendo los neonatos, mueven sus extremidades y cuerpo siguiendo pautas continuas y constantes. 

Bebés aparentemente calmados y tranquilos que en realidad estaban retirados pueden volverse irritables de repente y mostrarse inconsolables varias semanas después del nacimiento al emerger del periodo de shock neonatal. 

En realidad el bebé no puede hacer nada por detener el sonido externo; lo primero que puede modular son los músculos de los ojos o los párpados. Puede apartar la mirada de un estímulo demasiado intenso o puede cerrar los ojos. Puede que cierre los ojos cuando hay demasiada luz para evitar el estímulo y tener algún control sobre él. Observando los ojos de un bebé, el terapeuta puede observar si el bebé está situando su atención en el tiempo y en el espacio, y notar si el bebé se está retirando ante un estímulo o si está dirigiendo su atención hacia él. Las sensaciones propias del agobio neonatal pueden bloquear la capacidad del bebé de orientarse espacialmente o hacia sus cuidadores. Además el agobio neonatal puede bloquear la capacidad natural del bebé de observar, mostrar interés y hacer contacto con su mundo.

Los bebés también pueden alejarse de otra persona o de un estímulo externo excesivo. Por ejemplo, si mueves la mano hacia un bebé, puede que él aleje su brazo o que gire su cuerpo alejándolo si no desea ser tocado. Podemos notar una ola de contracción a través de los tejidos desde dentro hacia fuera produciendo un alejamiento intencional del estímulo. Si el bebé no se aleja físicamente y simplemente retira su atención de los estímulos, el terapeuta sentirá una ola de contracción de fuera adentro.  

Muchos padres novatos tienen dificultades para “dejar” a sus bebés llorar. Es posible que se sientan incómodos, avergonzados o culpables; en cualquier caso, tratan de aliviarlos. Un aspecto muy importante de la terapia consiste en abordar la necesidad de llorar de los bebés y la necesidad de aliviar de los padres. Hacer que los padres identifiquen, procesen y reestructuren sus propios sentimientos respecto a la necesidad de llorar del bebé puede ser muy útil. Algunos terapeutas están absolutamente convencidos de que los niños necesitan llorar para descargar emociones no resueltas, pero desde mi punto de vista el llanto del bebé debe recibir muestras de apoyo para que no se pierda en sus emociones. Todos estamos de acuerdo en que a los niños no se les debe dejar solos para que “se descarguen llorando”. 

Si una madre emplea consistentemente el dar de mamar a su bebé para consolarle puede estar dando a su bebé el mensaje de que llorar no está bien. Algunos profesionales aconsejan a los nuevos padres que tengan cuidado de no mezclar la alimentación con la satisfacción de la necesidad de comodidad o consuelo del bebé. Lo óptimo es dar de mamar cuando el bebé tiene hambre. El propósito de amamantar es alimentar. El hecho de amamantar no debería usarse para calmar al bebé. 

Los efectos del shock a menudo inhiben el acceso al consuelo. Los bebés cuyo comportamiento se ha visto afectado por el shock suelen llorar inconsolablemente y parecerá que lloran hasta quedarse dormidos. Pero, no llegan a caer dormidos en absoluto, en realidad estos bebés lloran hasta entrar en un estado disociado de retirada parecido al sueño. Es esencial tener en cuenta que durante el proceso del shock hay diversos paquetes emocionales que quedan comprimidos. Esto significa que el bebé experimentará diversas emociones y sensaciones que como mínimo le causarán confusión y en el peor de los casos pueden hacer que la psique compartimentalice o divida esa intensa experiencia. (Levine y otros indican que los adultos con síntomas de estrés postraumático suelen compartimentalizar sus estados emocionales o algunos aspectos de sí mismos como estrategia de supervivencia). 

Cuando los cuidadores y el entorno son capaces de sustentar la capacidad del bebé de experimentar la sensación de ese lugar parasimpático interno, tranquilo, lento y cálido, el bebé tomará por sí mismo la opción de salir del periodo de shock. Éste modo lento y tranquilo de salir del shock permitirá al sistema nervioso del bebé acumular dentro de sí las secuencias necesarias para realizar una conexión sin alteraciones desde el tronco cerebral(nuestra parte instintiva, reptiliana, primitiva) a través del sistema límbico(zona emocional) hasta el neocórtex(raciocinio, cognición). La integración sensorio motora de este bebé, su propiocepción, equilibrio, claridad emocional y mental, serán libres de funcionar óptimamente sin interrupciones debidas al shock y al trauma. 

Compartir lo que hemos aprendido a cómo nosotros, como cuidadores, podemos dar un apoyo eficaz a las madres y a los bebés para que empiecen a amamantar, para desarrollar relaciones seguras dentro de la familia, y practicar la autorregulación que reduce o elimina nuestras propias tensiones mientras trabajamos con dichas familias. También analizaremos qué ocurre cuando se interrumpe el desarrollo de vínculos seguros y examinaremos varias estrategias de reparación que pueden aplicarse de manera segura durante las primeras semanas de vida del bebé. Se hace hincapié en la necesidad del terapeuta de estar centrado, en la atención que éste debe prestarse a sí mismo, en la conciencia de las claves somáticas rítmicas, en la sintonía madre-hijo y en las necesidades del bebé de asirse al pecho materno por sí mismo. 

Cuando el bebé sale del útero materno, es colocado suavemente en el vientre de mamá. El cordón deja de pulsar, sale la placenta y el bebé empieza a abrirse camino hacia el pecho de mamá. Unos veinte minutos después del parto, este bebé empieza a balancearse arriba y abajo mientras parece responder a una llamada antiquísima y primordial. El cuerpo del bebé y el cuerpo de la madre están piel con piel. Con un suave apoyo de la palma de la mano en los pies del bebé, éste empuja su cuerpo, con la cabeza balanceándose arriba y abajo, y la boca abierta. Su boca plenamente abierta aterriza de lleno en el pezón y areola izquierdos de mamá. El bebé lo toma y empieza a amamantar. Se acaba de completar el proceso de autovinculación al pecho materno. Todos los mamíferos, incluyendo los humanos, lo sabemos hacer. Pero los seres humanos, a diferencia de otras especies, interrumpimos y atropellamos rutinariamente este instinto primario.  

“la función de mamá es hacer que su pecho esté disponible a una distancia relativamente próxima de la cabeza del bebé. El trabajo del bebé es encontrar el pecho de mamá, asirse a él, chupar y tragar. Nuestro trabajo como terapeutas es relajarnos, centrarnos y mantener el espacio para que tanto el bebé como la madre descubran cómo hacerlo”. 

En los estados simbióticos, los sistemas homeostáticos del adulto y del niño están vinculados en una organización de orden superior que permite la “mutua regulación de los sistemas endocrino, nervioso autónomo y nervioso central tanto de la madre como del bebé a través de sus elementos interactivos”. En los estados simbióticos, los sistemas internos homeostáticos del bebé, inmaduros y en desarrollo, son regulados fisiológicamente por la regulación del sistema nervioso de la madre, más maduro y diferenciado. Evidentemente, una de las principales funciones de este estado simbiótico es generar estados placenteros. El terapeuta ofrece la oportunidad de que la madre y el bebé se alineen en una sintonía rítmica lenta, la cual es un ingrediente esencial para establecer y formar relaciones seguras y duraderas dentro de un sistema familiar.

Las investigaciones neurobiológicas realizadas desde 1990 han descubierto que el óptimo crecimiento saludable del sistema nervioso y el desarrollo general del bebé (físico, emocional y mental) depende en gran medida de sentirse vinculado de manera segura con sus padres. Según Schore y Siegel&Hartzell los bebés aprenden a autorregularse y autoequilibrarse por la forma en que son cogidos en brazos y tratados. La autorregulación es la capacidad del sistema de funcionar dentro de un rango de actividad mientras integra la experiencia momento a momento. Cuando los cuidadores del bebé tienen la habilidad de autorregularse, el bebé también aprende a autorregularse. La autorregulación es un proceso inconsciente que atañe a las funciones fisiológicas y endocrinas fundamentales, así como a la regulación emocional en respuesta a los sucesos internos y externos.

La autorregulación y la sintonía parecen empezar en el útero materno. En el útero, el pre-nato no está diferenciado de la madre. El pre-nato que la madre lleva en su seno vive las experiencias que su madre vive durante el embarazo. La experiencia del pre-nato es la experiencia de la madre. La experiencia prenatal proporciona la matriz para un nivel de impronta fundamental que afectará al bebé durante el resto de su vida. El cuerpo y el sistema nervioso del pre-nato están en proceso de desarrollo y su cuerpo ya se está adaptando genética, celular y somáticamente a esta experiencia prenatal a medida que va creciendo. (Chamberlain 2002, Emerson,1999; Odent,2002; Verny,2000, contienen muchos ejemplos de la impronta prenatal a este nivel).

Dando apoyo a la madre se da apoyo al bebé

Mi trabajo consiste en dar apoyo a la madre para que preste atención a las sensaciones de asentamiento y expansión por el núcleo de su cuerpo, de esta manera es más probable que su sistema establezca un estado de equilibrio y de autorregulación en su sistema nervioso autónomo. Esto a su vez, conduce a las conductas de autovinculación del bebé, de asirse al pecho y chupar, y de que la leche salga a un ritmo compatible entre la madre y el bebé, dejando que el flujo de leche satisfaga la demanda del bebé. Cuando el sistema nervioso autónomo se desequilibre y se interrumpa la sintonía, la leche de la madre no satisfará la necesidad o demanda del bebé. Si la leche que da la madre excede la demanda, el bebé responderá teniendo que engullirla y puede que sienta ahogo por el exceso de leche. Si el abastecimiento materno no satisface la demanda, el bebé tratará de chupar con más fuerza y fácilmente puede empezar a sentir frustración y a emitir los sonidos correspondientes, a llorar, y después renunciará. Si el bebé empieza a engullir debido a un exceso de leche, recomiendo a la mamá que se tome un pequeño descanso a fin de que el bebé pueda retomar el ritmo. El bebé volverá de manera natural al pecho a medida que lo necesite para seguir alimentándose.  

Dar apoyo a las conductas de autovinculación en los bebés no sólo ayuda a la lactancia y alimentación, sino que favorece una propiocepción óptima y la integración vestibular. Esto contribuye posteriormente a la coordinación motora general del niño y al desarrollo óptimo del sistema nervioso. 

Los niños con experiencias natales o perinatales traumáticas no son observadores pasivos de los sucesos de su vida, más bien, absorben y almacenan todo el dolor que han encontrado en su camino. No se trata de dar seguridad, eso es para los adultos. Los niños necesitan la verdad para sentirse apoyados en el momento presente. Este trabajo no tiene nada que ver con sentirse alegre o triste, puede conllevar cualquier tono emocional, incluso de terror o rabia. Lo vemos, lo contenemos, después lo reflejamos y lo sacamos.  

Un bebé es completamente consciente en el momento del nacimiento. En cada fase del desarrollo, ya bien si es un embrión, un feto, un recién nacido, un niño, etc. un ser humano está entero y completo. Incluso el recién concebido es consciente y capaz de experimental dolor y placer. Tiene la capacidad de tomar decisiones incluso sin un sistema nervioso. Los estudios de embriología nos enseñan este principio: la integridad es nuestro derecho de concepción. Aún así, por el camino el embrión humano experimenta tensión y trauma. Nos desarrollamos a través de ciertas fases específicas, las cuales se han documentado bien tanto en la embriología como en la psicología del desarrollo. Dentro de estas fases de desarrollo existen numerosas diferenciaciones específicas que ocurren y que nos dan nuestra singularidad individual y personalidad. Sin embargo, cuando nosotros experimentamos tensión, trauma o shock (conmoción) en cualquier fase de la vida, pero sobre todo durante el período pre y peri-natal, allí pueden existir consecuencias devastadoras para nuestra salud a lo largo de nuestra vida. Este hecho se declaró recientemente en la portada de la revista Time en septiembre de 1999.

Junto a estas consecuencias de trauma prenatal y shock, tales como el cigarro maternal y uso del alcohol, los pensamientos de aborto, la adopción y otros, existe todavía otro obstáculo que cruzar. Nosotros debemos nacer nueve meses después de ser concebidos. Aquí en el Oeste la medicación en el proceso de nacimiento, mientras que salva vidas también deja cicatrices en la mente y cuerpo del bebé y futuro adulto. Emerson (1999) declara que el 95% de nacimientos occidentales implican shock y trauma para el infante. Este número en sí mismo es espeluznante.

Para empezar el terapeuta deben entender que el recién nacido es indiferenciado de la madre. El bebé está activamente envuelto en un proceso llamado auto-apego (self-attachment) y de vinculación. Este proceso es el fundamento del amor. Ello incluye el desarrollo somático y neurológico así como la integración de emociones, el cual es el trabajo neurológico primario en los primeros dos años de vida. La madre y padre son parte del campo metabólico del niño. . El bebé debe cuidar de los padres a su vez para asegurar su propia seguridad y protección. Igualmente los padres deben proteger y dar recursos al infante tanto como sea posible mediante el tacto físico nutritivo, mirando fijamente a los ojos (lo cual desarrolla el hemisferio derecho del cerebro), el reflejo verbal y una multitud de técnicas de contacto no-verbales. Estas conductas o instintos apoyan el desarrollo saludable del bebé en este tiempo crítico de su nueva vida. Por lo tanto, el primer papel del terapeuta es evaluar el shock y trauma en el sistema familiar completo así como la serie de auto-apego y de vinculación. La madre es el recurso primario y debe ser apoyada en una sesión de tratamiento tanto como el bebé. ¿Se están vinculando vía el amamantamiento, etc.? ¿Dónde está la tensión en su relación?.

El suministro de recursos al bebé a través del contacto de ojos es crucial. Si el bebé y la madre no son capaces de mantener profundamente las miradas entre sí, puede ser un indicador de shock. La madre y el infante metabolizan cada uno los estados de sentimientos a través del contacto no-verbal como el mirar fijamente a los ojos, el contacto piel con piel, el entrainment respiratorio y cardiovascular (Schore 1996). El bebé ayuda a absorber y procesar los estados emocionales de la madre tanto como la madre absorbe y procesa al bebé a través de su propia mente y cuerpo.

. Los bebés experimentan y procesan el mundo con su cuerpo entero. Nosotros construimos una imagen del cuerpo según el mundo se comunica con nosotros a través de nuestra piel hasta nuestro tejido blando interior y sistemas de fluido, la cuna de nuestro conocimiento del mundo interior de quiénes somos. Nuestro cuerpo es nuestro ego original en los seis primeros años de vida. El sistema límbico, sobre todo la amígdala que es el principal indicador de emociones, es bastante activo en los bebés y directamente conectado al hemisferio derecho, la corteza emocional.

El bebé apenas pasó por una muy intensa experiencia y quiere contar la historia. Alguien necesita escuchar y el bebé necesita saber que esta siendo escuchado para que la curación ocurra. El terapeuta mantiene silenciosamente el shock y trauma como un testigo interior. Cuando el terapeuta detecta parte del esquema del trauma en el sistema craneosacral del bebé, él o ella podría decir "Oh, eso era mucho para ti" en lugar de decir, "Oh, aquellos fórceps eran grandes y desagradables". Las partes difíciles de la historia del nacimiento son consideradas por el terapeuta dentro de su corazón, quien entonces vuelve a contar la historia en silencio en presencia del bebé. De esta manera el shock y trauma ocurridos en el nacimiento se reconocen y se consideran en un contenedor silencioso. Esta comunicación se recibe y se integra en el sistema fluido del bebé. El terapeuta le sugiere espacio “¿te gustaría algún espacio aquí?". Entonces el terapeuta le sugiere opciones al bebé " ¿te gustaría hacer algo diferente aquí?".

Nacer no es simple, es un trabajo duro y a veces se sienten agobiados en el proceso de su nacimiento. El bebé es un ser completo de hecho desde el momento de la concepción es un ser consciente. Como embrión, como feto, de bebé y de niño somos seres completos. En la etapa prenatal, durante los 9 meses de gestación ya estamos experimentando la vida. Las experiencias de mamá son nuestras experiencias.

Como he nombrado antes nacer es un acontecimiento traumático (entendiendo trauma como una situación estresante) pero no todo nacimiento tiene porque conllevar trauma. Cuando de forma natural el bebé inicia el parto, se dan una serie de acontecimientos los cuales pueden dejar improntas en nuestro organismo. Nos vemos sometidos a fuertes presiones (contracciones) y nuestros tejidos, membranas durales, huesos, se contraen. Si la mamá se encuentra en un ambiente tranquilo, respetuoso, se siente confiada en ella misma y en su bebé, las contracciones y la dilatación se irán desarrollando de manera rítmica y armónica, al tiempo que la descarga de hormonas como la oxitocina y las endorfinas (que nos ayudan a lidiar con el dolor) se irán dando a su debido tiempo. Pero si se dan situaciones alrededor del parto donde la madre conecte con un estado de alerta, ya sea por un padre nervioso, familiares, excesivo ruido o quizá, lo más importante, conecte con patrones de experiencias de vida no resueltas tales como sentimientos de no valía, de no ser capaz de llevar a término las cosas, miedos…pueden ocasionar que el parto se pare o que se haga largo y dificultoso. En estos casos el bebé puede sufrir excesiva compresión en determinadas partes de su cuerpo, quedarse retenidos durante demasiado tiempo en una posición y eso conllevar un exceso de estrés en su sistema nervioso y tejidos.

Desde que nacemos queremos contar nuestra historia. El bebé quiere contar la historia que ha vivido durante su experiencia al nacer. Nos podemos imaginar a nosotros mismos con algún problema yendo a contárselo a un amigo, pero cual es nuestra sorpresa cuando nuestro amigo más allá de escucharnos nos hace partícipes de su historia (preocupaciones, problemas) y nos vamos de amigo en amigo intentando que alguien escuche. Que alivio cuando alguien simplemente está ahí, presente, escuchando ¡por fin! He podido contar mi historia y soltar aquella experiencia de vida que no había digerido.

Ciertamente cuando se le otorga un espacio, un contacto seguro, sin intención de resolver nada, sin juicios, simplemente permitiéndole ser, el bebé nos muestra con gestos, arrullos, con todo su cuerpo, incluso con su llanto aquella experiencia vivida demasiado estresante o dolorosa, durante su etapa prenatal o durante su nacimiento. Manteniéndome centrada, aceptando al ser que es tal y como es, estando presente y simplemente escuchando he visto a muchos bebés comenzar a mantener un vínculo más afectivo, más cercano y seguro con sus madres, a la vez que resuelven patrones inerciales en sus tejidos, tales como los cólicos de lactante, en sus cráneos 

El llanto (y las rabietas) de los niñ@s-bebés es una fuente constante de preocupación para muchos padres. El llanto de un niñ@-bebé nos pone en alerta y nos mueve para atender su necesidad o calmar su malestar, pero cuando un niñ@-bebé llora sin una razón aparente nos descoloca, nos sentimos agobiados y nos ponemos nervios@s; y sin darnos cuenta se despiertan en nosotr@s sensaciones de ansiedad, desamparo, frustración e incompetencia que pueden ser seguidas de enfados, cólera e incluso hostilidad. 
Ese llanto “sin sentido” sucede con frecuencia a la hora de dormir, y se convierte en algo especialmente irritante y desesperante para muchos padres.

Por qué lloran los niñ@s-bebes??

Los niñ@s-bebés lloran para comunicar una necesidad o un malestar. Lloran cuando tienen hambre, están mojad@s, sienten frío o calor, desean ser cogid@s en brazos y/o acariciad@s, o necesitan ser estimulad@s. Estas necesidades primarias son la realidad central del niñ@-bebé. El papel de los padres es intentar satisfacer las necesidades de sus hij@s tan pronto y con tanto acierto como sea posible. Pero cuando todas sus necesidades primarias son atendidas, ¿por qué lloran los niñ@s-bebés?  

Estos métodos son más humanos y sensibles, y están mucho más cercanos a las necesidades de los bebés, pero en general asumen equivocadamente que todos los llantos del bebé se deben a una necesidad presente. Por este motivo, la mamá (o el papá) responde a las demandas de su bebé para satisfacerlas inmediatamente e intenta calmar el llanto del bebé con atención y cariño.

La mayoría de las personas que participan de esta visión no comprenden que los niñ@s-bebés no sólo lloran para satisfacer una necesidad inmediata (como el hambre o la necesidad de contacto físico), sino que el llanto cumple una función primordial en la descarga del estrés acumulado causado por la insatisfacción de una necesidad primaria o por un suceso traumático (como un parto difícil o la separación de la madre al nacer).

Debido a la represión sistemática del llanto en nuestra sociedad, casi todos los llantos causados (o activados) por un suceso presente conectan con alguna experiencia pasada. Es decir, casi siempre que lloramos por algo presente, conectamos y damos salida a sensaciones de otras experiencias atrasadas que no hemos llorado lo suficiente. Más aún, en muchas ocasiones, el suceso presente es un “pretexto” para llorar sentimientos atrasados.    

Se despiertan (o activan) por algo presente, pero tienen su origen en el pasado. El niñ@ puede valerse de un incidente sin mayor importancia para mostrar su malestar. Puede querer su rebanada de pan sin cortar, y al verla cortada en dos trozos puede empezar a sollozar o a quejarse. Si nos ponemos a su lado y le escuchamos, o incluso le acariciamos y/o le abrazamos, el sollozo puede subir de intensidad hasta convertirse en un llanto desproporcionado con el incidente en sí, y prolongarse durante un buen rato. 
Normalmente, a los padres les parecerá que el niñ@ está siendo manipulativo o que es un malcriado. Los padres más sensibles pensarán que llora por otra razón, e intentarán averiguar que otros sucesos ocurridos en el momento presente pueden haber causado esta situación. Pero muy pocos sabrán mirar lejos en el tiempo y ser conscientes de que el niñ@ puede estar descargando una experiencia de hace días, semanas, meses o incluso años, que se ha activado a causa de un suceso reciente. 

Muy pocos adultos somos conscientes de esta realidad en nosotros mismos. Nuestro llanto está generalmente tan enterrado en nuestro mundo inconsciente que necesitamos darnos permiso para llorar. Podemos sentirnos fatal, pero sólo lloraremos cuando exista un motivo “objetivo”, como cuando rompemos una pierna o se muere una persona querida, porque para la mayoría de los adultos “llorar sin sentido no tiene sentido”.   
El llanto y los gritos se lo permitimos, hasta cierto punto, a los bebés más pequeños porque aún no saben hablar. Pero en cuanto el bebé se inicia en la expresión de la palabra la represión del llanto se vuelve casi siempre sistemática, y exigimos a nuestros hijos un motivo reciente que sea aceptable en nuestro entorno social o familiar antes de permitir que sus lágrimas caigan libremente.

Los bebés que son dejados llorar solos, aunque sólo sea unos minutos, se sienten confusos y abandonados, con frecuencia impotentes y ansiosos, y en ocasiones aterrados. Más aún, fallan a la hora de desarrollar una confianza básica, que es vital para su desarrollo emocional. Por esta razón, nuestro mensaje primal es contundente: Los bebés nunca deberían ser dejados llorar solos.

Cuando todas las necesidades inmediatas, como el hambre o el frío, son descartadas (y se ha descartado también cualquier problema médico), el objetivo no debería ser parar el llanto, sino prestar atención al bebé y aceptar toda la expresión emocional de su llanto.

Escuchar atentamente y comprensivamente a nuestros hij@s mientras lloran es una de las actividades más valiosas y productivas que podemos hacer por nuestros hij@s y por nuestra relación con ellos.  

El mundo de los bebés es un mundo desconocido para la inmensa mayoría de los padres. Estamos tan desconectados de nuestras propias vivencias de cuando éramos niñ@s-bebés que nos es muy difícil comprender los sentimientos y la intensidad de las necesidades primarias de nuestros propios bebés. 

si las expresiones emocionales -descargas emocionales- son reprimidas repetidamente, y el niñ@-bebé continúa acumulando experiencias dolorosas en su interior, sufrirá enfermedades físicas y emocionales en una etapa posterior de su vida. 
Por lo tanto, los padres deberíamos ser conscientes, en primer lugar, de las carencias primarias que sufre nuestro bebé para intentar corregirlas, y evitar así que sigua sufriendo y acumulando más estrés.
En segundo lugar, deberíamos comprender que para el niñ@-bebé es primordial expresar lo que siente, cuando lo siente y con la intensidad que lo siente. La represión de la expresión emocional es una manifestación más de la falta de amor que sufren los niñ@s-bebés en general, con importantes consecuencias en su salud físico-emocional.
Con el tiempo, la falta de amor en general y la represión emocional en particular terminan afectando los procesos internos del cerebro y del organismo en general. 
No vamos a profundizar aquí en la naturaleza del amor, pero sí en la naturaleza del estrés y su relación con el llanto y las rabietas. 

¿Estrés psicológico o fisiológico? 
Una premisa básica de este texto es que los niñ@s-bebés no sólo lloran para que se atienda una necesidad inmediata, sino que también lloran para descargar tensión y estrés acumulado. 

Además de descargar el estrés a través del llanto, los niñ@s-bebés también utilizan la palabra, el juego y la risa, y otras formas menos evidentes como temblar, bostezar o sudar.

Las palabras, los juegos o las risas son formas de expresión que los adultos toleramos bastante bien, pero existe una "discriminación" general con relación al llanto y las rabietas. Estas formas de expresión no sólo son consideradas molestas sino también innecesarias. Además, mucha gente tiene la idea errónea de que los niñ@s-bebés se sentirán mejor si dejan de llorar, cuando en realidad lo contrario casi siempre es cierto.

El llanto no sólo es discriminado con relación a otras formas de expresión, sino que existe una “discriminación sexual” con relación a esta forma de expresión: A las niñas se les permite llorar más que a los niños. Existen evidencias claras de que los chicos sufren una mayor represión en su necesidad de expresar sentimientos de miedo o tristeza

Las experiencias vividas durante los primeros meses y años de vida son fundamentales para conseguir un mínimo de felicidad durante el resto de la vida.
Si no conseguimos que nuestros hij@s se sientan amados durante la temprana infancia, pasarán el resto de su infancia en una agonía invisible, y el resto de sus vidas buscando, sin saberlo, el amor y la comprensión que nunca tuvieron cuando eran más pequeñ@s.

El estrés acumulado (y no resuelto) durante la infancia se manifiesta de múltiples formas. Por ejemplo, un bebé que no sufre ningún problema médico pero se despierta cada media hora, todas las noches, sufre un problema de estrés importante. 
  
¿A qué es debido el estrés de los niñ@s-bebés? 
El estrés se debe principalmente a la insatisfacción de una necesidad primaria, pero también puede tener su origen en una experiencia traumática aún sin resolver.
Es necesario permitir la descarga físico-emocional del estrés acumulado, y los padres necesitan saber que el llanto y las rabietas son las principales formas de descarga de dicho estrés. 

En el proceso, el bebé va resolviendo y liberando su dolor acumulado en forma de estrés, descargándolo no sólo emocionalmente, sino también físicamente, mediante la eliminación de sustancias químicas relacionadas (detectables en las lágrimas o el sudor). 
Es necesario insistir en que un bebé NUNCA debería llorar solo, sino en los brazos de la madre/padre, y acompañado de su atenta mirada y su comprensión incondicional.
La expresión de los sentimientos en forma de llanto y berrinches no es sólo una descarga físico-emocional que ayuda a relajarse al bebé, sino también una necesidad vital de dar expresión a lo que siente.
Un bebé que puede expresar sus emociones libremente se siente amado porque se aceptan todas sus formas de expresión (y no sólo cuando sonríe y "se porta bien") y esto es en sí mismo esencial para su bienestar y tranquilidad.  

Cuando los padres o cuidadores no somos capaces de escuchar, atender o soportar las emociones fuertes de los niñ@s-bebés, estos no se sienten vistos y oídos en su totalidad, y forman vínculos sustitutorios con objetos inanimados (chupetes, biberones, ositos de peluche,...) o con partes de su cuerpo (como un dedo), o con el pecho de su madre.

Los “mecos” -mecanismo de control- más comunes en los niñ@s-bebés son: 

  1. Lactancia excesivamente frecuente por “comodidad” 

  2. Chupetes o similares 

  3. Chuparse los dedos 

  4. Colgarse en exceso de la madre

  5. Vínculos con juguetes o mantas

  6. Solicitud constante de entretenimiento

  7. Hiperactividad. 

Una vez que aprendemos a “recibir con atención” el llanto (y las rabietas) del niñ@-bebé, en vez de reprimirlo, la necesidad de estos “mecos” desaparecerá

¿Formas en que se reprime el llanto de un niñ@-bebé? 

Diciéndole que se calle.

Castigándole (o amenazándole).

Retirándole el amor o la atención (aislándole). 

Distrayéndole con palabras, música, movimiento o juegos. 

Poniéndole algo en la boca (comida, chupete,...). 

Burlándose de él o avergonzándole.

Negando o minimizando su dolor.

Recompensándole si deja de llorar.

Haciendo que hable o se ría cuando intenta llorar. 

pueden volverse adictos a la teta y piden mamar cada vez que, por cualquier motivo, se sienten frustrados, ansiosos, enfadados o molestos. 
Los mecanismos de control que se utilizan para parar el llanto no le hacen ningún favor al niñ@-bebé, sino que lo perjudican, aunque a los adultos nos parezca que es un acto de amor y de cuidado. Su necesidad de llorar se pospone, pero no desaparece. Dar la teta en exceso puede ser el principio de un hábito crónico de comer cuando “nos sentimos mal”. Los desórdenes de la alimentación son muy comunes en los adultos. Muchos adultos comen compulsivamente cuando se sienten enfadados, frustrados o deprimidos.

Los bebés suelen llorar desconsoladamente cuando la madre los desteta. 
Los bebés lloran cuando se les desteta porque la madre ya no detiene su llanto sistemáticamente dándoles el pecho. Los bebés están, por así decirlo, “recuperando el llanto perdido”, que ha sido contenido y reprimido sistemáticamente desde el nacimiento. Las madres que atienden cualquier incomodidad del bebé dándole el pecho deben de saber que pueden estar proyectando sus propias necesidades hacia sus bebés.   

Las sensaciones de incomodidad o malestar de un niñ@-bebé tienden hacerse conscientes cuando su atención se interioriza, y esto sucede sobre todo en los momentos de transición que preceden al sueño. Por esta razón, los niñ@s-bebés son especialmente “llorones” durante esa fase. Durante la vigilia, la actividad y las distracciones mantienen la atención del niñ@-bebé hacia el “exterior” y es más difícil que el niñ@-bebé conecte con sus sensaciones interiores profundas. Los momentos que preceden al sueño son la fase más propicia para que el niñ@-bebé descargue una parte de su estrés, malestar o conflicto interno, ya que no puede distraerse fácilmente ni evitar sentir las sensaciones que afloran de su interior. De hecho, esas sensaciones en su interior son las que le activan y le impiden dormirse.

En la mayoría de los bebés, el cambio en los hábitos de sueño empieza a verse en pocos días, aunque una mejoría clara puede durar varias semanas o meses. 
En algunos casos, con carencias importantes o experiencias traumáticas serias, el bebé puede tardar bastantes meses en procesar su estrés e integrar su trauma. Pero, incluso en los casos más dramáticos, la mejoría se empieza a notar en pocas semanas. Lo más importante es saber que los frutos se recogen el resto de la vida.

Por decirlo de alguna forma, hasta que el estrés acumulado no es expulsado del organismo, el bebé lleva su lucha interna (su lucha por satisfacer sus necesidades primarias o su lucha por resolver su trauma) al estado de conciencia del sueño y no puede dormir o descansar “normalmente”.    

es importante tener presente que algo de estrés es siempre inevitable. No podemos protegerlos de la vida misma, ya que crecer y aprender siempre están acompañados de un mínimo de dolor y de frustración. 
Nuestra labor como padres (o cuidadores) no debería consistir en sobreproteger a nuestros niñ@s-bebés contra toda clase dificultad, dolor o frustración, sino más bien en ayudarles a aprender como tratar las emociones y sensaciones resultantes. 
Cuando un pequeño incidente sin importancia hace llorar a un niñ@, los adultos no deberíamos irritarnos ni sentirnos manipulados, sino valorar la descarga emocional que supone para el niñ@. No es necesario desesperarse por comprender la causa de su dolor. Sólo necesita nuestra atención y saber que estamos allí para escucharlo sin interrumpir sus lágrimas. Si es un bebé pequeño, deberíamos cogerlo en brazos. Si ya no es tan bebé, deberíamos respetar su espacio, pero con la máxima atención, abrazándolo o no en función de su demanda, hasta que el niñ@ llore toda la frustración y la tristeza que necesita llorar en ese momento. 

La experiencia de un parto traumático o la separación de la madre durante horas nada más nacer puede necesitar de numerosas descargas emocionales, y no hay forma de expresar con palabras esas sensaciones, porque no hay palabras para describirlo, y si las hubiera no servirían de mucho. Todo intento por explicar esa realidad interior sería una forma de maquillar los sentimientos en un esfuerzo por satisfacer la inquietud o la desesperación de los padres, pero no se correspondería con la necesidad de expresión del niñ@-bebé. 
Los adultos, aunque no comprendamos la causa del llanto del niñ@-bebé, hacemos una labor inapreciable al saber estar ahí, escuchando atentamente y acariciando sus emociones. 
Es necesario que los padres (y cuidadores) seamos capaces de aceptar toda la gama de emociones de nuestros niñ@s-bebés con el fin de crear vínculos emocionales saludables; y deberíamos también comprender que nunca es demasiado tarde para mejorar la relación con nuestros niñ@s-bebés”.   
Muy pocos adultos fuimos permitidos llorar libremente cuando éramos pequeños. No es por lo tanto sorprendente que casi todos tengamos dificultades para reconocer estas necesidades en los niñ@s-bebés, y no sepamos proporcionar una atención comprensiva y cariñosa cuando estos lloran.
Tampoco debemos culparnos por sentir la necesidad de parar el llanto de los niñ@s-bebés. Es muy probable que nos encontremos diciendo las mismas frases que nuestros padres o cuidadores utilizaron cuando llorábamos de niñ@s. El primer impulso ante el llanto de un niñ@-bebé tiene muchas probabilidades de ser exactamente lo mismo que nos hicieron a nosotr@s cuando éramos pequeñ@s, aunque no tengamos un recuerdo consciente de ello.

Nuestra primera reacción al llanto y las rabietas del niñ@-bebé suele ser fuerte y negativa. Por ello se hace necesario procesar las reacciones automáticas que sentimos por dentro para no descargarlas sobre ell@s. Una opción es formar un grupo de escucha con otros padres en donde hablar sobre las dificultades de ser padres y de los sentimientos que se despiertan en nosotr@s al ver a nuestro hij@ llorando, rabioso, frustrado o indignado. Nuestra mente estará más clara si tenemos una oportunidad de expresar las situaciones que nos descolocan y de compartir las posibles soluciones con otros padres. 

Esfuérzate por llevar una gestación con el mínimo estrés posible.

Esfuérzate por conseguir un pato sin drogas y con la mínima tecnología.

Cuida tus propias necesidades físicas y emocionales.

¿Qué hacer cuando un bebé llora? 
Muchos padres y cuidadores se preguntan qué hacer cuando tienen ante si a un bebé llorando. ¿Cómo atender a un bebé que llora cuando parece llorar “sin sentido”?   

Los siguiente consejos están dirigidos a madres/padres con bebés:

  1. Coge al bebé en brazos, siéntate en una silla confortable y mira a su cara. Si sus ojos están abiertos, mira a sus ojos. Siente su energía y fuerza vital. Sostenlo con calma sin moverlo o mecerlo.

  2. Respira profundamente y trata de relajarte. 

  3. Sé consciente del amor que sientes por tu bebé. Habla a tu bebé. Dile: "Te quiero... estoy escuchando... estás a salvo conmigo... voy a estar aquí contigo... puedes llorar tranquilamente que no me voy a ir..." Puedes también asumir la causa de su llanto y verbalizar tus pensamientos. Si has tenido un día difícil, puedes decir: "Es posible que hayamos estado demasiado activos hoy o que no te hayamos atendido lo suficiente"; "Comprendo lo difícil que es ser un bebé". Déjale saber con palabras, aunque no te entienda, que quieres ayudarle a sentirse mejor.

  4. Sé consciente de tus propias emociones. Si necesitas llorar con él, adelante. Dile que estás triste también. 

  5. Si se revuelve e intenta alejarse de ti y no te mira. Dile: "Por favor, mírame, estoy aquí, quiero que te sientas segur@ conmigo". Con ternura, toca los brazos o la frente de tu bebé, para reasegurarle de tu presencia física. No te sorprendas si esto produce aún más llanto en tu bebé. 

  6. Continua estando con tu bebé y sosteniéndolo hasta que espontáneamente deje de llorar. Muchos bebés lloran con sus ojos cerrados, pero periódicamente los abren para comprobar si hay alguien prestando atención. Una vez que se aseguran de que estás emocionalmente disponible, cierran sus ojos y siguen llorando. Es importante hacer contacto visual cuando el bebé te mira.  

El entorno adecuado para la descarga emocional. 
La descarga emocional "conectada", en forma de llanto (o risa), sólo sucede cuando el niñ@-bebé percibe un equilibrio adecuado entre “seguridad” y “emoción”.

si un niñ@-bebé no se siente lo suficientemente seguro y protegido, no permitirá que sus emociones profundas se manifiesten.  

Abraza y/o acaricia al niñ@ con respeto y haz contacto visual: 
El contacto físico y la mirada comprensiva son la antesala de la confianza. Abraza y/o acaricia al niñ@ de modo que pueda mirarte a los ojos si lo desea. Si ve en tu mirada una comprensión profunda y una aceptación total de su expresión emocional. un abrazo, una caricia, una mirada tierna, un beso, unas breves palabras reconociendo su malestar. El niñ@ recibe esa atención cuidadosa y respetuosa como un acto de amor, pero no lo distraigas en exceso. le permitirá sentir que todo está bien a su alrededor, y podrá dirigir su atención a resolver lo que está sintiendo dentro de sí.   

Pregúntale lo que está sintiendo, pero no insistas en obtener una repuesta “satisfactoria”: 
El niñ@ que llora siempre tiene un buen motivo para hacerlo. Cuanto más profundo sea el sentimiento más difícil será hablar de ello. Dile que quieres entender como se siente (o lo que pasó) y déjale a él expresar y compartir lo que quiera. Muchas veces, el simple hecho de intentar explicar lo que siente le hará empezar a llorar de nuevo.

Evita los consejos: 
El niñ@ espera tu apoyo y comprensión en el momento que está descargando. Escúchalo y/o acarícialo o abrázalo. Además de no reprenderlo, deberías evitar aleccionarlo o aconsejarlo. Su atención está enfocada hacia la descarga, y necesita concentrarse en ello por completo. No lo distraigas con lecciones de cómo evitar que vuelva a pasar eso. Cuando termine de llorar, estará receptivo a un dialogo comprensivo. 
  
No juzgues lo que el niñ@ siente: 
Esto no es fácil de hacer ya que en general percibimos a nuestros hij@s a través del filtro de nuestras propias carencias y necesidades. Los sentimientos del niñ@ le pertenecen y están lejos de nuestro alcance, tanto más cuanto más lejos estemos de nuestros propios recuerdos y sentimientos de la infancia. Decirle a un niñ@ que no debería llorar o estar triste es decirle que tiene que dejar de sentir lo que está sintiendo. El niñ@ necesita saber que estamos ahí con él mientras se expresa y se desahoga, mientras expulsa de su ser sensaciones y sentimientos conflictivos. Cuando permitimos y atendemos el llanto del niñ@ no estamos ni mimándolo ni malcriándolo, estamos ayudándole a recuperar su equilibrio físico-emocional, su propio equilibrio vital. Con el llanto, el niñ@ echa fuera sensaciones perturbadoras que lo mantienen tenso y alterado. Cuando los niñ@s pueden llorar y expresar de forma total lo mal que se sienten, su amargura, su malestar, su dolor, su apatía y su “sinrazón” se va disolviendo. 

Cuanto más apoyo, cariño y comprensión reciba más probabilidades hay de que su llanto sea prolongado e intenso, al menos durante un tiempo. Es evidente que incluso los adultos (especialmente las mujeres) tendemos a llorar más libremente con alguien de confianza que nos sabe escuchar incondicionalmente y sin juzgarnos.

Nuestra tarea será menos incómoda si entendemos el llanto de nuestro hij@ como un proceso de recuperación, y nos liberamos de nuestra tendencia a preocuparnos excesivamente, o desistimos de nuestra inercia a reprimir o regañar. Deberíamos de hacer un esfuerzo por comprender que no somos nosotros quienes tenemos que procesar el malestar de nuestro hij@, sino que le corresponde a él/ella procesar sus sensaciones. Todo lo que tenemos que hacer es relajarnos, abrazar y/o acariciar con cariño al niñ@ y permitirle descargar, en un entorno de seguridad, lo que le hace daño por dentro.  

Escuchar atentamente a un niñ@ cuando llora debería de ser sencillo, pero no es fácil para la mayoría de los adultos. 
Para poder estar totalmente atentos a las descargas emocionales de los niñ@s mientras se recuperan de su malestar, los adultos necesitamos trabajar sobre nuestro propio malestar.

Escuchar atentamente las fuertes emociones de los niñ@s despiertan inevitablemente las nuestras. Es conveniente hablar con otros de lo difícil que es ser padres o educadores, de las cosas que nos molestan, irritan y preocupan, de nuestras frustraciones y de nuestros propios deseos y necesidades.

La mayoría de nosotros ni hemos sido escuchados cuando éramos niñ@s ni se nos ha permitido quejarnos lo suficiente, por ello soportamos bastante mal las “quejas” y la expresión de malestar de los niñ@s.   

El llanto de un bebé nos hace “perder los nervios” porque vibran en nosotros sensaciones que creíamos olvidadas o superadas.    

estrés como algo que interrumpe el equilibrio normal del cuerpo. 

Enfermedades relacionadas con el estrés. 
Nuestros cuerpos responden al estrés psicológico como si fuera estrés fisiológico, como si fuéramos perseguidos por un tigre. 
La respuesta al estrés puede causar daños a largo plazo. De hecho, sufrimos una amplia variedad de dolencias y enfermedades relacionadas con el estrés. Ambas partes de la respuesta de estrés (la enervación del sistema nervioso simpático y de las hormonas glucocorticoides) pueden contribuir a la enfermedad.
La repetida estimulación del sistema simpático puede causar la presión arterial alta crónica y “atherosclerosis” (la acumulación de depósitos de grasa en las arterias de la sangre), lo cual puede causar ataques cardíacos y trombosis (dos de las principales causas de muerte, especialmente entre hombres)   
Un exceso de glucocorticoides causados por el estrés puede dar origen a muchos efectos negativos secundarios, incluyendo irritabilidad, aprehensión y la inhabilidad para concentrarse. Pero esta es sólo una parte del problema. Una consecuencia más seria (efectos secundario) de los glucocorticoides es la supresión del sistema inmunológico. Los individuos que están continuamente o severamente estresados tienen altos niveles de ACTH y glucocorticoides, y se ha demostrado que esto esta correlacionado con una menor resistencia a las infecciones. El estrés incrementa el riesgo de contagio de enfermedades, tal como infecciones respiratorias, al igual que desordenes inmunológicos relacionados, tal como la esclerosis múltiple. Los glucocorticoides causados por el estrés pueden incluso acelerar el crecimiento de tumores. Un exceso de hipocorticoides pueden también dañar una parte del cerebro llamada hipocampo, que juega un papel importante en el aprendizaje y la memoria.
Otras consecuencias negativas de estas hormonas del estrés es un aumento en el riesgo de osteoporosis y diabetes en los adultos. También contribuyen a las úlceras, cuya relación con el estrés es bien conocida, y pueden interferir con la función sexual.
Algunas de estas enfermedades pueden tener causas genéticas y ambientales, pero el efecto del estrés ha sido claramente establecido.  

El estrés y el intelecto. 

Si la descarga emocional está prohibida, el niñ@ tendrá demasiadas dificultades para aprender y, en el futuro, cuando se enfrente a situaciones similares, se despertará nuevamente la frustración y la sensación de inseguridad e incompetencia. 

las cantidades más altas de cortisol. 
Estas hormonas son producidas durante el estrés y pueden dañar una parte del cerebro, llamada hipocampo, que juega un papel muy importante en el aprendizaje y la memoria. El llanto elimina los excesos de ACTH del cuerpo a través de las lágrimas, lo que ayuda a disminuir el nivel de glucocorticoides. Una chica con “frustraciones acumuladas” (estrés acumulado) de la infancia cuando intentaba resolver puzles, puede tener dificultades para aprender geometría de adolescente. Las diferentes figuras geométricas pueden recordarle, inconscientemente, los frustrantes puzles de su infancia y activar una reacción de rabia en su interior que le impedirá pensar claramente. La situación presente activa una "impresión" en su inconsciente que la hace reaccionar al dolor emocional acumulado.   

Otros análisis de estas lágrimas revelaron la presencia de ciertos neurotransmisores y hormonas que se encuentran presentes en el cuerpo durante el estrés. 
Estas sustancias sirven para preparar diversos órganos del cuerpo para hacer frente a la tensión producida por un “suceso excitante” ya sea físico o psíquico. Sin embargo, cuando se termina el acontecimiento estresante, estas sustancias ya no son necesarias, y su presencia sólo sirve para mantener al cuerpo en un estado de tensión y enervación innecesarios. 
La conclusión de la investigación del Dr. Frey es que el propósito del llanto posterior a la tensión es eliminar los residuos químicos del cuerpo a través de las lágrimas, de forma similar a como se eliminan residuos a través de la orina. El llanto, por lo tanto, responde al propósito de restablecer el equilibrio químico del cuerpo después de un acontecimiento estresante. Sudar es otro mecanismo importante a través del cual el cuerpo se libra de estas sustancias químicas. 
La presencia de ciertas sustancias, como la hormona ACTH, indican que algo único sucede cuando se producen lágrimas emocionales. 
La hormona ACTH estimula la producción de glucocorticoides. Es posible que el llanto emocional ayude a reducir un exceso de ACTH y otras sustancias que se acumulan en el cuerpo a continuación de un suceso estresante. la presencia de catecalominas en el llanto (ejemplos de catecalominas son epinefrina y norepinefrina). Estas sustancias son los intermediarios químicos del sistema nervioso simpático que estimula el corazón para acelerarlo, incrementa la presión sanguínea y el flujo de sangre a los músculos. La expulsión de estas sustancias a través del llanto ayudaría a reducir la enervación del sistema nervioso simpático durante el estrés. Estos y otros neurotransmisores regulan nuestros estados de ánimo y determinan si nos sentimos felices o deprimidos. Algunos psiquiatras piensan que los traumas de la infancia pueden causar desordenes en los sistemas neurotransmisores. Es muy probable que el llanto juegue un papel crucial en restaurar un balance beneficioso de estas sustancias químicas, y reducir así los síntomas de depresión o ansiedad sin la necesidad de utilizar drogas. 

El llanto no es un subproducto innecesario del estrés, sino una parte importante del ciclo de relajación del estrés. Cuando lloramos como respuesta a un estrés emocional, descargamos energía, reducimos la tensión, reducimos nuestra presión arterial, y expulsamos las hormonas del estrés (los neurotransmisores) de nuestro cuerpo a través de las lágrimas, restaurando así nuestro equilibrio fisiológico.

Después hay una disminución gradual de los niveles de cortisol hasta los seis meses de vida, y con posterioridad se producen muy pocos cambios.
El alto nivel de estrés en los bebés de menos de 6 meses ayuda a explicar por qué el llanto es más frecuente durante esa etapa. Los investigadores han medido los niveles de cortisol en diferentes situaciones y han descubierto que el llanto en si mismo no activa la reacción de estrés en los bebés; es decir que el llanto no los estresa, sino todo lo contrario. El objetivo no es pues hacer que los bebés dejen de llorar sino minimizar las causas de estrés en sus vidas. Aunque los bebés recién nacidos no vierten lágrimas cuando lloran hasta que tienen varias semanas, sudan bastante durante el llanto, expulsando quizás así un exceso de hormonas del estrés. 

El método del Dr. Estivill no sólo no ayuda a los padres a satisfacer la necesidad del bebé de compañía, contacto físico y seguridad (durante el día y la noche), sino que las convierte en carencias crónicas. El bebé deja de quejarse (llorar, patalear, gritar,...) porque deja de sentir esas necesidades primarias, o más bien decide bloquear la sensación de su necesidad e intenta sustituirla con alguna necesidad simbólica. 
Pero el bebé no puede hacer desaparecer una necesidad primaria (ya que estamos hablando de necesidades esenciales, vitales o básicas), tan solo puede "adormecer" una parte de su ser (una especie de muerte parcial invisible que pasa desapercibida a la mayoría de los adultos).

Thomas A. Stone: El poder curativo del llanto. En su libro “Cure by Crying” -la cura a través del llanto- explica cómo curar la depresión, el nerviosismo, los dolores de cabeza, el insomnio, las adicciones y otros muchos problemas físico-emocionales, y dice: “Mis memorias bloqueadas estaban causando mis síntomas. Cuando las descubrí y las lloré, mis síntomas desaparecieron”.   
Su método parte de dos premisas: 
1) Que la causa de muchos trastornos físicos y emocionales está en los recuerdos traumáticos bloqueados de la temprana infancia. 
2) Que si recordamos estos sucesos traumáticos y extraemos el dolor a través del llanto, nuestro cerebro se reparará gradualmente y los síntomas desaparecerán. 
La condición neurótica es física en el sentido de que hay cambios físicos en el cerebro. Como si los cables fueran cortados o los interruptores hubieran sido apagados. La escena traumática es bloqueada, pero no se borra sino que continúa existiendo en forma de energía electro-bioquímica bloqueada en el cerebro (y en el cuerpo) .  

Van Winkle: El poder curativo de las rabietas El “dulce arrullo” con el que se silencia a los bebés (Eah, Eah, ... no llores más mi vida) sirve a los padres, no al bebé. Aunque no tengamos recuerdos de haber sido maltratados físicamente o descuidados emocionalmente, a la mayoría de nosotros nos han enseñado a suprimir nuestra rabia.    

La terapia Primal: El poder curativo de los sentimientos Si una madre recibe una dosis lo suficientemente grande, la anestesia actúa directamente sobre las funciones de supervivencia del feto, interfiriendo con el acceso al oxígeno. 
En algunos casos, el cordón umbilical es cortado demasiado pronto, impidiendo que llegue el tan necesitado oxígeno de la placenta.

Un recién nacido no sabe que tiene que ser cogido en brazos cuando llora o que no debe ser destetado demasiado pronto. Al principio hará todo lo posible para satisfacer sus necesidades. Llorará y pataleará para que se atiendan sus necesidades, pero si estas continúan sin ser satisfechas, bien sufrirá un dolor continuo hasta que sus padres las satisfagan o se apartará de su dolor desconectándose de su necesidad. 
Esta separación de uno mismo de sus necesidades y sentimientos es una maniobra instintiva para desconectarse de un dolor excesivo. Esto no significa sin embargo que las necesidades no satisfechas desaparezcan, sino que por el contrario, continúan de por vida presionando inconscientemente, pero constantemente. Un niño que es destetado muy pronto aprende como desviar y canalizar sus necesidades reales hacia otras simbólicas. Cuando sea adulto puede que no sienta la necesidad de chupar del pezón de su madre, pero puede ser un empedernido fumador. 
La hipótesis principal de la terapia primal dice que todas las neurosis y dolores emocionales que sufrimos, junto con la mayor parte de las enfermedades físicas, son el resultado del dolor primal reprimido durante la infancia. el inconsciente funciona no sólo como una grabadora de nuestras experiencias, sino como un almacén de las tensiones físico-emocionales de nuestro pasado. El dolor inconsciente no resuelto es la causa principal subyacente en la mayoría de los problemas humanos, y está siempre presente en forma de tensión, aunque la persona sólo sea consciente de ello cuando se desbordan sus mecanismos de control.  

Cerebro Instintivo: 
1ª línea de conciencia o complejo cerebral reptiliano. Controla las funciones automáticas del organismo: la respiración, la actividad cardiovascular, las hormonas, los procesos digestivos, la presión arterial, los latidos del corazón y otras funciones vitales. Los traumas que suceden al feto o al bebé antes de los seis meses de vida tienen una probabilidad muy alta de afectar a estas funciones. 
Cerebro Emocional: 
2ª línea de conciencia o sistema límbico. Es el nivel afectivo o la mente del sentimiento. Se relaciona especialmente con la emoción y la motivación. Se empieza a desarrollar hacia el sexto mes y continúa durante la infancia. 
Cerebro Intelectual: 
3ª línea de conciencia o corteza cerebral. Organiza las cosas intelectualmente, se relaciona con el mundo exterior, e integra los niveles de conciencia inferiores, ayudando a inhibir los impulsos y dando un sentido a los sentimientos. Empieza a jugar un papel activo hacia los seis años de edad y continua desarrollándose hasta los veinte años aproximadamente. 
Nuestra salud mental y física está relacionada con el “flujo de la energía” o “flujo de la información” a través de los tres niveles de conciencia de nuestro cerebro. Los traumas físico-emocionales que no han sido descargados emocionalmente afectan al flujo de la energía y tienen efectos negativos en nuestra salud emocional y física. Cuanto mayor sea el bloqueo energético causado por el trauma más perjudicial será para nuestra salud futura. Sensaciones, sentimientos y pensamientos. 
El fluir de la energía en el nivel más primario de consciencia de nuestro cerebro (primer cerebro) se corresponde con la “sensación”. El fluir de la energía en el segundo nivel de consciencia de nuestro cerebro (segundo cerebro) se corresponde con el “sentimiento”. El fluir de la energía en el tercer nivel de consciencia de nuestro cerebro (tercer cerebro) se corresponde con el “pensamiento”. Estos tres niveles de consciencia se corresponden con nuestros tres cerebros (instintivo, emocional e intelectual) y funcionan como ordenadores interconectados entre si, cada uno con su propia memoria y funciones. 
Cuando la información (energía) fluye libremente, y no hay fricciones ni reacciones contradictorias entre los diferentes niveles de conciencia, gozamos de una buena salud. En caso contrario, se producen desequilibrios, trastornos y enfermedades. 
Las experiencias traumáticas pre-natales y peri-natales quedan almacenadas en la parte del cerebro que gobierna nuestro mundo más instintivo o biológico, mientras que las experiencias posteriores a partir de los seis meses y después de los seis años se almacenan prioritariamente en los otros niveles de consciencia (emocional e intelectual). 
Todo esto quiere decir que los sucesos traumáticos que afectan a nuestro primer y segundo nivel de consciencia necesitan ser descargados a ese nivel, y nos ayuda a entender por qué las palabras o razonamientos son inútiles a la hora de descargar emocionalmente traumas almacenados a un nivel más primario.  

El llanto y las rabietas nos molestan, y con frecuencia nos parecen exigencias, o nos suena como un reproche de que algo hemos hecho mal o de que hemos fallado. Deberíamos empezar por no tratar los problemas del niñ@-bebé, como por ejemplo los trastornos del sueño, como procesos independientes, sino como parte integral de toda una forma de sentir y de actuar del niñ@-bebé.  

Educar a un niñ@-bebé con hábitos constructivos sin tener en cuenta sus necesidades primarias, o tratar de corregir una conducta inapropiada con métodos conductistas suele ser poco productivo a medio y largo plazo. 
Cualquier esfuerzo educativo que no contemple una visión global de las necesidades primarias del bebé y la satisfacción de las mismas está condenado al fracaso. Es posible que el niñ@ aprenda a comportarse “correctamente” durante un tiempo, pero su malestar se mostrará de muchas formas y su infelicidad será evidente sin que nadie comprenda el motivo.    

No tiene sentido distraer al niñ@-bebé de su llanto porque ello sólo pospondrá su necesidad de llorar. 

La descarga de energía durante el llanto es necesaria para completar con éxito el ciclo estrés-relajación.  

Los niñ@s-bebés siempre lloran por algo real que están sintiendo

La vida de un niñ@-bebé debería de girar siempre entorno al “amor incondicional” de sus padres. - Los niñ@s-bebés nunca pueden ser “estropeados” o “malcriados” al satisfacer todas sus necesidades primarias. Es imposible darles demasiado amor, atención, o contacto físico. - Los niñ@s-bebés necesitan padres que sean capaces de escuchar sus expresiones de rabia, pena y temor, y que puedan “sintonizar” con ell@s. - Para tener una buena autoestima, los niñ@s necesitan sentir el amor y la aceptación incondicional de sus padres, lo cual conlleva la satisfacción de sus necesidades primarias. 

Si mostramos a los niñ@s nuestro amor y aprobación sólo cuando están sonrientes y contentos, aprenderán a negar y reprimir una parte de si mismos con el fin de complacer a los adultos. Con el tiempo, estas emociones serán también inaceptables para ell@s mism@s

La falta de amor termina afectando los procesos internos del cerebro y del organismo en general, causando enfermedades físicas y emocionales en una etapa posterior de la vida. 

Existe una correlación entre problemas peri-natales y posteriores problemas emocionales y de conducta en los niñ@s. El trauma de nacimiento puede ser en parte responsable de la esquizofrenia, crímenes violentos, conducta suicida y varias enfermedades físicas.  

Los adultos podemos rodearnos de un armazón de aparente seguridad externa que protege a un niñ@ interior débil e inseguro, pero con frecuencia seguimos reclamando simbólicamente aquello que necesitábamos y nunca tuvimos durante la infancia. 

Los bebés y sus necesidades. 
1). Los bebés “saben” lo que necesitan. Los seres humanos nacemos sabiendo básicamente lo que necesitamos no sólo para sobrevivir, sino también para un desarrollo físico, emocional e intelectual óptimo; y nuestra conducta, “buena” o “mala”, será determinada por la forma en que somos tratados, especialmente durante la temprana infancia. 

2). El “saber” de los bebés puede ser trastocado por los adultos. cuando no tienen suficiente libertad (o son forzados), sus necesidades no son satisfechas, o son heridos, se sienten “desorientados”, y su inteligencia, su vitalidad y su alegría se ven afectadas. Las heridas tempranas y la insatisfacción de las necesidades primarias durante la infancia tienen profundos y duraderos efectos sobre nuestra conducta y nuestra forma de sentir. 
3). Los bebés (y los adultos) tienen la capacidad de recuperarse de sus traumas.

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María del Carmen

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