La Trascendencia del Sacrificio

10.04.2013 11:27

En el mundo actualmente, las relaciones entre individuos, sacando de lado la amistad, están reguladas casi siempre por contratos. La unión entre empleador y contratado tiene como único fin que todo salga “bien”, osea, que ese negocio prospere económicamente. Siendo de este único modo, las relaciones entre las personas se establecen en base a intereses creados, y todos acaban utilizándose los unos a los otros. Desde pequeños a los niños se les enseña a no mentir, a no robar, y cuando crecen, tienen que afrontar un mundo sin Dios, con una moral relajada, y un mercado laboral que busca utilizarlos como un bien más de la empresa. Tienen que pertenecer a una comunidad sin cohesión espiritual, ya que el racionalismo materialista no admite la existencia ni de Dios ni del Amor, en el pasado hubo un tipo de hombres que trascendieron ese tipo de relación material con su comunidad, y más precisamente, con su emperador.
Los kamikaze, con su sacrificio, dieron un sentido a su vida material de un modo revolucionario, puede que nos parezca chocante, ahora, en nuestro tiempo. Dónde nadie va a dar nada por el otro, siempre y cuando haya dinero de por medio. Siendo cada uno de nosotros de algún modo adoradores de un Baal en forma de becerro de oro, miremos el ejemplo japonés no como la audacia de unos extremistas, sino como un acto de amor que los hizo trascender el mundo material, y de alguna forma los trasformo en semi-dioses.
El texto de Julius Evoca es clarísimo, nos presenta la relación entre la doctrina estoica y el budismo, los cuáles pudieron tener algún tipo de conexión luego de la expansión militar llevada a cabo por Alejandro Magno desde Macedonia hasta los fértiles valles de la India. Despues de la expansión militar de Alejandro, el gran imperio macedónico quedo en manos de sus generales. Tal vez durante ese período se produjo un verdadero "puente" cultural entre las filosofías de Occidente y Oriente.








“… En primer lugar, existía la idea de que << al convertirse en
soldados ya se había dado al vida por el emperador>> y que <<si los
nuestros luego tuviesen que pensar no haber hecho de todo para vencer, se matarían igualmente, sin por ello reputarse libres de sus culpas>> Se encontraba luego una ética más general derivada de la sabiduría de Confucio, la cual, del mismo modo que la estoica, exhorta a vivir en modo tal como si cada día fuese el último. Y a esta ética que, si es vivida, no puede propiciar un natural y calmo desapego, se le unía aquello que venia de una concepción tradicional que no ve en el nacimiento el principio de la existencia humana y en la muerte el final inevitable del ser. De aquí la característica de un heroísmo que no es oscuro, trágico y desesperado, sino que se encuentra ratificado por la certeza de una vida superior. Por esto los kamikaze eran considerados <<dioses vivientes>>. Por eso para sus aparatos no eligieron símbolos de muerte, calaveras, color negro u otro, tal como sucede en
otros casos, sino símbolos de inmortalidad. Ooka fue denominado el pequeño avión de una sola plaza que, cargado con dos toneladas de explosivos, era desenganchado por un bombardero y que por medio de aceleradores a propulsión se precipitaba a una velocidad elevadísima sobre el objetivo, con una autonomía de 20 km. Pero, Ooka quiere decir <<flor de ciruelo>> flor que en el Extremo Oriente vale también como luminoso símbolo de inmortalidad.





Posteriormente, en el Japón de posguerra, los kamikazes fueron objeto de
burlas, desprecio, y fueron acusados de “fanáticos”, por los mismos que
dieron la vida. El mismo pueblo por el que murieron, fué el mismo
pueblo que cayó en la fantasía del mundo materialista norteamericano,
que les ofrecía muchísimos bienes materiales, ninguno espiritual.

"Zero" japonés.http://www.youtube.com/watch?v=xB918_bKZos





El
mito del guerrero samurái, del servidor del emperador, volvió en
forma de pilotos a bordo de naves que se lanzaban sobre objetivos
pesadamente armados y blindados. Muy pocos lograron acertar su blanco,
pero todos vieron la muerte en las aguas del Pacífico.

La muerte, para el hombre “occidental” es claramente una derrota, un mal que aqueja
su cómoda vida, pero para un ser que vive cada momento como el último,
como recomendaba Marco Aurelio, fue solamente un cambio de estado.

La muerte, la vejez, que para la tradición son dos estados que pueden
trasmutarse en trascendencia y sabiduría, son todo lo contrario en nuestro tiempo. Para la mayoría de las personas, ambas, son dolor y enfermedad. 



-Yafar Soto
Publicado por pablo.e

 

Contacto

María del Carmen

609458688 idrisazzahra@gmail.com