Las raíces de la infelicidad. Eduard Punset

03.12.2013 09:47

a única respuesta a la pregunta que realmente me interesa no la veo en ninguna parte; por lo menos, explícitamente. Y desde luego no hubo referencia a ella tampoco en el debate electoral.

No es culpa del diseño de la evolución que, desde luego ni tiene diseño preconcebido ni propósito. Al contrario, la selección natural a lo largo de millones de años dio como resultado un escenario cercano a la lógica. Los organismos a los que les funcionaba el circuito cerebral de motivación y recompensa para comer, sobrevivían mejor que los dotados con circuitos mediocres. Comían más y sobrevivían. A los que les gustaba hacer el amor, más que a otros, y menos barreras se interponían a su deseo, garantizaban mejor la perpetuación de la especie.

Siendo eso así, cómo explicarse la capacidad infinita de la gente para hacerse infeliz. ¿Cuál es la razón evolutiva detrás de ese propósito estrafalario?

Que nadie me diga ahora -tras los avances de la psicología y neurología-, que para ser creativo había que ser infeliz. Este debate duró demasiados años, desgraciadamente, y alimentó la peregrina idea de que la depresión y hasta la locura eran creativas. Hasta quedaba bien andar por ahí con una depresión constante, mientras se estaba formulando supuestamente, la mejor filosofía. Hoy sabemos que la depresión es, simplemente, una enfermedad como la sífilis, provocada por un gen o por el entorno y que afecta al tamaño del hipocampo, a la sangre y a los huesos. Se puede ser creativo a pesar de la depresión pero no gracias a ella.

¿Cuáles son entonces las causas evolutivas de esa capacidad infinita de la gente para hacerse infeliz?

¿Tiene que ver con la envidia? Es cierto que a la mayoría de las personas no les importa el crecimiento del Producto Nacional Bruto, sino lo que gana de más el vecino.

¿Tiene que ver con la perversión cultural que coarta en nombre de convenciones alambicadas pero indestructibles la capacidad de gozar? Es cierto que, a menudo, se produce una sobre inversión en prudencia posponiendo en exceso un disfrute, en aras de un bien futuro. Es cierto, pero también ocurre, tal vez más a menudo, al revés.

¿Tiene que ver con el conocimiento supuesto de las causas del sufrimiento que se convierte –el supuesto conocimiento, quiero decir-, en una losa repetitiva y asfixiante, como ocurre cuando la culpa de todo lo malo la tienen el imperialismo y los países ricos? Es cierto que el imperialismo es responsable de una buena parte del sufrimiento pero también es innegable que los gobiernos corruptos y dogmáticos de muchos países pobres lo son en mayor medida.

¿Con qué tiene que ver esa capacidad infinita para hacerse infeliz? ¿Está el secreto en el fuero interno de las personas infelices? ¿En su manera equivocada de gestionar sus emociones? ¿Por qué tanta desconfianza, enfurruñamiento y falta de esplendor?

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