René Guenón "Crítica del individualismo"

10.04.2013 10:59

 

Critica dell´individualismo" (17 de septiembre de 1935). Contiene parte del capítulo V: “L´individualisme”(“El individualismo”) de La Crise du Monde moderne.
 
Lo que entendemos por “individualismo”, es la negación de todo principio superior a la individualidad, y, por consiguiente, la reducción general de la civilización a elementos simplemente humanos. En el fondo, es la misma cosa que lo que, en la época del Renacimiento,se ha designado bajo el nombre de “humanismo”, y es también lo que caracteriza propiamente lo que puede denominarse “espíritu profano” o “espíritu antitradicional”.Es cierto que tal espíritu no es nuevo. Ha habido ya, en otras épocas, manifestaciones suyas más o menos acentuadas, pero siempre limitadas y aberrantes, y que no se habían extendido nunca a todo el conjunto de una civilización como lo han hecho en Occidente en el curso de estos últimos siglos. Lo que no se había visto nunca hasta aquí, es una civilización edificada toda entera sobre algo puramente negativo, sobre lo que se podría llamar una ausencia de principios. Y es eso, precisamente, lo que da al mundo moderno su carácter anormal, lo que hace de él una suerte de monstruosidad explicable solamente si se considera como correspondiendo al fin de un período cíclico.
Es precisamente el individualismo, tal como acabamos de definirlo, el que es la causa determinante de la decadencia actual de Occidente, por lo mismo que es en cierto modo el motor del desarrollo exclusivo de las posibilidades más inferiores de la humanidad, de aquellas cuya expansión no exige la intervención de ningún elemento suprahumano, y que incluso no pueden desplegarse completamente más que en la ausencia de tal elemento, porque están en el extremo opuesto de toda espiritualidad y de toda intelectualidad verdadera.
El individualismo implica primeramente la negación de la intuición intelectual, en tanto que ésta es esencialmente una facultad supraindividual, consiguientemente implica también la negación de aquellos conocimientos que constituyen el dominio propio de tal intuición, es decir, la metafísica,entendida en su verdadero sentido. Por eso todo lo que los filósofos modernos designan bajo estemismo nombre de metafísica, cuando admiten algo que denominan así, no tiene absolutamente nada en común con la metafísica verdadera: no son más que construcciones racionales o hipótesis imaginativas, y por consiguiente concepciones completamente individuales, y cuya mayor parte, por lo demás, no va más allá de lo que los antiguos llamaban “física”, es decir, elorden de la “naturaleza”.
Y también cuando aparece en estas especulaciones algún problema que podría conducir efectivamente al orden metafísico, el modo como son tratados y considerados tales problemas noda por resultado más que una “pseudo metafísica”, y hace imposible toda solución real y válida.Por lo demás, parece incluso que, para los filósofos, se trata siempre de plantear “problemas”,aunque sean artificiales e ilusorios, mucho más que de resolverlos, lo que es uno de los aspectosde la necesidad desordenada de la investigación por la investigación, es decir, de la agitación más vana, tanto en el orden mental como en el orden corporal. Se trata sobre todo, para esos mismos filósofos, de dar su nombre a un “sistema”, es decir, a un conjunto de teorías estrictamente limitado y delimitado, y que sea efectivamente de ellos, que no sea nada más que su obra propia;de ahí el deseo de ser originales a toda costa , incluso si la verdad debe ser sacrificada a esa originalidad. Para el renombre de un filósofo, vale más inventar un error nuevo que repetir una verdad que ya ha sido expresada por otros. Esta forma de individualismo, a la que se debentantos “sistemas” contradictorios entre sí, cuando no lo son en sí mismos, se encuentra tambiénen los “sabios” y en los artistas modernos; pero es quizás en los filósofos donde se puede ver más claramente la anarquía intelectual que es su consecuencia inevitable.
En una civilización tradicional, es casi inconcebible que un hombre pretenda reivindicar la propiedad de una idea, y, en todo caso, si lo hace, se quita por eso mismo todo crédito y toda autoridad, ya que la reduce así a no ser más que una suerte de fantasía sin ningún alcance real.Si una idea es verdadera, pertenece igualmente a todos aquellos que son capaces de comprenderla. Si es falsa, no hay por qué vanagloriarse de haberla inventado. Una idea verdadera no puede ser “nueva”, ya que la verdad no es un producto del espíritu humano, existe independientemente de nosotros, y nosotros sólo tenemos que conocerla. Fuera de este conocimiento no puede haber más que el error. Y aquí puede señalarse que el género de individualismo que acabamos de tratar es la fuente de las ilusiones concernientes al papel de los“grandes hombres”, o que se creen tales: el “genio”, entendido en el sentido “profano”, es muy poca cosa en realidad, y no podría suplir de ninguna manera la falta de verdadero conocimiento.
  Habiendo hablado de la filosofía, señalaremos todavía, aunque sin entrar en todos los detalles,algunas de las consecuencias del individualismo en este dominio. La primera de todas fue poner la razón por encima de todo, hacer de esta facultad puramente humana y relativa la parte superior de la inteligencia, o incluso reducir la inteligencia toda entera a la razón. Eso es lo que constituye el “racionalismo”, cuyo verdadero fundador fue Descartes.Esta denegación de la inteligencia pura, por lo demás, no constituía más que una primera etapa. La razón misma no debía tardar en ser rebajada cada vez más a un papel sobre todopráctico, a medida que las aplicaciones le tomaron la delantera a las ciencias que podían tener todavía cierto carácter especulativo.
Pero eso no es todo: el individualismo entraña inevitablemente el naturalismo, puesto que todolo que está más allá de la naturaleza está, por eso mismo, fuera del alcance del individuo comotal. Naturalismo o negación de la metafísica, no son más que una sola y misma cosa, y, desdeque se desconoce la intuición intelectual, ya no hay metafísica posible. Pero en este punto,mientras que algunos se obstinaron no obstante en edificar una “pseudo metafísica” cualquiera,otros reconocían más francamente esta imposibilidad. De ahí el relativismo bajo todas sus formas,de la kantiana de “criticismo” a la comtiana de “positivismo”. Puesto que la razón misma escompletamente relativa y no puede aplicarse válidamente más que a un dominio igualmenterelativo, es evidentemente cierto que el “relativismo” es la única conclusión lógica del“racionalismo”.
Éste último, por otra parte, debía llegar a destruirse a sí mismo. Desde un punto de vistatradicional, “naturaleza” y “devenir”, son en efecto sinónimos. Es naturaleza todo lo que deviene,que es incapaz de participar en la estabilidad de las esencias perfectas y completas. Un naturalismo coherente no puede por tanto conducir más que a una u otra de las “filosofías del devenir” que son así tan características del mundo moderno, de lo cual se ha hecho la crítica repetidamente en este Diorama , y la más típica de las cuales ha sido el “evolucionismo”. Ahora bien, es precisamente el evolucionismo el que al final debía rebelarse contra el racionalismo,reprochando a la razón el no poder aplicarse adecuadamente a lo que es cambio y puramultiplicidad, el no poder encerrar en sus esquemas preconcebidos la compleja multiplicidad delas cosas sensibles.
Y tal es efectivamente la posición tomada, sea por esa forma del “evolucionismo” que es el“intuicionismo” bergsoniano, sea por las varias “filosofías de la vida”, que hacen todas frentecomún contra el racionalismo, sin tener por esto el más mínimo carácter metafísico, entiéndasebien. Al contrario: si estas tendencias critican justamente al racionalismo, caen aún más bajoapelando a facultades en el fondo infrarracionales, a sensaciones vitales confusas mezcladas conimaginaciones y con sentimientos. Lo que es bastante significativo, es que aquí ya no se hablamás de verdad  , sino únicamente de “realidad”: una realidad reducida exclusivamente al solo orden sensible, y concebida como algo esencialmente móvil e inestable. Con tales teorías, lainteligencia es reducida verdaderamente a su parte más baja, y la razón misma ya no es admitidasino en tanto que se aplica a trabajar la materia para usos industriales o para forjar mitos para uso social.
Después de eso, ya no queda más que un paso que dar, es decir, la negación total de lainteligencia y la sustitución de la “verdad” por la “utilidad”. Es lo que ha hecho el pragmatismo, elcual, si como doctrina filosófica de William James es cosa bastante modesta e irrelevante, nodeja de ser extremadamente significativo como síntoma, como expresión de actitudes bien realesy generales de la época. Y si se quiere llegar hasta el fondo, no queda más que aludir a lasúltimas filosofías, las cuales terminan nada menos que en la invocación de lo subhumano, del“subconsciente” o “inconsciente”, de la libido y de los variados “complejos” de la psiquesubterránea, concebida como verdadero centro y fuente de vida del entero ser humano. Lo queconstituye la inversión completa de toda jerarquía normal.
He aquí, en sus grandes líneas, la marcha que debía seguir fatalmente y que ha seguido efectivamente la filosofía “profana” librada a sí misma, al pretender limitar todo conocimiento a supropio horizonte. Mientras existía un conocimiento superior, nada semejante podía producirse, yaque la filosofía se tenía al menos como algo que respetaba lo que ignoraba y que no podía negar.Pero, cuando este conocimiento superior hubo desaparecido, su negación, que correspondía alestado de hecho, se erigió pronto en teoría, y de ahí procede toda la filosofía moderna.
Pero basta con la filosofía, a la que no conviene atribuir una importancia excesiva, cualquiera que sea el lugar que parece tener en el mundo moderno. Desde el punto de vista donde nos colocamos, ella es interesante sobre todo porque expresa, bajo una forma claramente definida,las tendencias de tal o cual momento. Estas tendencias, no las crea en absoluto la filosofía (otra superstición de la interpretación “humanista” de la historia) y, si se puede decir que las dirige hasta cierto punto, ello no es sino subordinadamente y en un segundo momento.Así, es cierto que toda filosofía moderna tiene su origen en Descartes: pero la influencia que este pensador ha ejercido sobre su época primero, y sobre las que siguieron después, y que nose ha limitado únicamente al dominio filosófico, no habría sido posible si sus concepciones nohubieran correspondido a tendencias preexistentes, que eran en suma las de la generalidad de sus contemporáneos. El espíritu “moderno” se ha reconocido a sí mismo en el cartesianismo y, a través de éste, ha tomado una consciencia más clara de sí mismo que la que había tenido hastaentonces.
Todo movimiento histórico importante es siempre bastante más una resultante que un verdadero punto de partida: no es algo espontáneo, es el producto de todo un trabajo latente y difuso. Si un hombre como Descartes es particularmente representativo de la desviación moderna, no es sin embargo el único ni el primer responsable, y sería menester remontar se mucho más lejos para encontrar las raíces de esta desviación. Del mismo modo, el Renacimientoy la Reforma, que se consideran lo más frecuentemente como las primeras grandes manifestaciones del espíritu moderno, más que provocar la ruptura con la tradición, condujeron atérmino tal ruptura. Para nosotros, el comienzo de esta ruptura data del siglo XIV
1, y es entonces,y no uno o dos siglos más tarde, cuando, en realidad, es menester hacer comenzar los tiempos modernos.Sobre esta ruptura con la tradición es donde debemos insistir todavía, para poder analizar otros aspectos del individualismo, puesto que oposición al espíritu tradicional, negación de la tradición e individualismo son expresiones diversas para indicar una sola y misma cosa.
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María del Carmen

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