La afectividad que derivó en ciencia

29.05.2013 19:01

“Haptonomía es entrar en una relación afectiva y profesional con el paciente, donde no somos sus enemigos. Si quieren saber qué es realmente pueden venir a sentarse sobre mis rodillas después de la conferencia.” Con esta humorada, la doctora Catherine Dolto trató de echar algo de luz sobre la llamada “ciencia de la afectividad”, una disciplina poco conocida en el país, que rescata la importancia de los afectos en los seres humanos y busca enriquecer la práctica clínica actual.

“Los seres humanos somos seres sedientos de amor, de seguridad afectiva y también de sueños”, planteó la prestigiosa pediatra francesa en el marco de un seminario sobre haptonomía, dictado en la Universidad Kennedy de la ciudad de Buenos Aires, y organizado por la Fundación Creavida. “El principal aporte de esta ciencia es sobre el lugar que tiene lo afectivo en el ser humano. Ningún otro marco teórico nos permite comprender desde la concepción y hasta la muerte a las personas, y desarrollar lo mejor que tenemos, nuestras cualidades humanas más finas”, dijo Jaqui Zieler, presidenta de la fundación.

La haptonomía fue fundada hace más de 50 años por Frans Veldman, como fruto de investigaciones que hizo luego de la Segunda Guerra Mundial. El estudiaba medicina y pasó tres días en un vagón de deportación.

Allí comprendió que lo afectivo es lo más importante en la vida de las personas. “Vio lo que sucedía ahí adentro, y una mujer joven murió en sus brazos pidiendo por su mamá. Se sabe que muchos soldados mueren diciendo mamá –contó Dolto–. Además, vio que en la sociedad de la época, aquellos de quienes se esperaba lo mejor se comportaban mal, listos para perder su alma por salvar su vida.” Veldman pudo salvarse gracias a un intercambio de miradas con un soldado. “Esa mirada le dijo que no lo iba a tirar, que iba a poder salvarse antes de que el tren partiera porque iba a dejar la puerta abierta. Todo sin mediar palabra.”

A partir de esa experiencia, Veldman se preguntó ¿qué es este lenguaje sin palabras? ¿Podríamos imaginar una manera de recibir y educar a los niños para que puedan sacar lo mejor de sí? ¿Podremos darles medios a los niños para llegar hacia lo más alto de su humanidad? Y se planteó devolverle su importancia a lo afectivo, aspecto que desde el psicoanálisis hasta la clínica médica tradicional habían descuidado.

Veldman creó una herramienta de trabajo, la “fenomenalidad” del encuentro humano. Es decir, un corpus de fenómenos que se pueden observar, nombrar, provocar, que suceden en todo ser humano cuando está en un dispositivo de “apertura” o en un dispositivo “cerrado” al encuentro con el otro.

La haptonomía abarca desde la concepción hasta la muerte de la persona. “Trabajo con vida prenatal y bebés, pero también con adolescentes, ancianos, neuróticos pero también grandes psicóticos que me mandan cuando salen de los hospitales psiquiátricos. Cualquiera sea el caso me pregunto cómo puedo ayudar a ese ser humano a reencontrar su completud, su capacidad de sentirse dentro de una dinámica, es decir, de encontrar su dignidad de sujeto”, explicó Dolto, médica clínica y pediatra, que desde 1980 trabaja junto a Frans Veldman, y es hija de la reconocida psicoanalista infantil Françoise Dolto (ver recuadro).

La haptonomía trabaja con el contacto, porque el tacto es el único sentido que siempre es recíproco y estimula las vías corticales, que permiten que el cuerpo se relaje y sienta placer. En este sentido, Dolto cuestionó la actual relación médico-paciente. “La idea de tocar a una persona de manera objetiva es de una imbecilidad total, es lo que pretenden los médicos. Las evaluaciones clínicas de la medicina actual, todo lo que aprendemos en medicina, es sobre cuerpos estresados, tratados como objetos; la manera de abordar es insegurizante.”

La haptonomía es “afectivo confirmante” porque, como dijo su fundador, “el derecho incontestable, fundamental y primordial del ser humano es el de la confirmación afectiva de su ser desde la concepción” (ver recuadro).

En algunos hospitales europeos ya hay personal médico, de enfermería, fisioterapeutas y obstetras, entre otros, que la aplican en sus tratamientos.

en 1938, Françoise Dolto empezó a decir que el bebé era un ser inteligente, que tenía el entendimiento de lo que se le decía, pero que le faltan la experiencia y los medios de expresión. “Se refería a los bebés como a cualquier ser humano y en esa época era un escándalo. En la escuela me decían que era la hija de la loca”, recordó Catherine. Françoise tuvo una infancia muy dura, en una familia burguesa donde el destino de las mujeres eran la casa y el matrimonio. La niña Françoise no se sentía querida y además era diferente, quería estudiar y ser libre. “Desde muy joven decía que quería ser médica de educación. ‘¡Eso no existe!’, decían los grandes. ‘Y bueno, habrá que inventarlo’, respondía Françoise”, cuenta Catherine en el prólogo del libro Infancias. Como psicoanalista buscó transmitir sus saberes para prevenir el sufrimiento psicoafectivo en los niños. “Promovía una ética de la educación en la cual la responsabilidad reemplaza a la culpa”, dice su hija en el mismo libro.

 

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María del Carmen

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