CÓMO ACTÚA EL ARQUETIPO

18.12.2013 14:24
Jolande Jacobi - 
 
Proceso "descendente" del Arquetipo, desde lo Psicoideo Colectivo hasta el psiquismo individual, pasando por el complejo y el simbolo. Síntesis certera de J.Jacobi.
En el fundamento arcaico de lo psíquico, como "puntos nodales" y "núcleos de significación" cargados de energía del entramado psíquico infinita e intemporalmente ramificado, están los arquetipos que constituyen lo inconsciente colectivo, el fundamento universal (humano-general), de toda psique individual. Aquí hemos de distinguir entre el arquetipo en sí, que no es perceptible, y que existe tan sólo como condición estructural y posibilidad potencial, perteneciendo a la esfera psicoide de la psique, y el arquetipo que es ya perceptible, que ha sido "presentado" a la consciencia y que ha de ser considerado casisiempre como símbolo. Está igualmente presente en sanos y enfermos, siendo fundamentalmente de la misma naturaleza en ambos. Al igual que sobre unos mismos cimientos se pueden elevar edificios de diversos estilos y tamañaos, una misma forma arquetípica fundamental puede constituir el fundamento de las más variadas formaciones. Su "valor posicional" dentro de todo el sistema de referencia psíquico está determinado con arreglo al contenido que llena el arquetipo y la carga que reciba. Con ello se ponen también de manifiesto el sentido, la importancia y el papel que le corresponden en cada caso.
El intento de dividir por etapas el curso de sacción podría establecer las siguientes fases:
 
 
 
1. El arquetipo reposa, en cuanto a su condición estructural, en la esfera psicoide (en el inconsciente colectivo), como "elemento nuclear" invisible y "portador potencial de significación".
 
 
2. Mediante una constelación adecuada -que puede hallarse determinada tanto individual como colectivamente- recibe un suplemento de energía, aumentando su carga e iniciándose su efectividad energética. La constelación individual resulta de la correspondiente situación de la consciencia del sujeto individual; la colectiva, de la correspondiente a grupos humanos.
 
 
3. La carga del arquetipo se manifiesta por una especie de fuerza magnética de atracción sobre la consciencia que no es al principio reconocida. Se hace notar primeramente por una actividad emocional determinada, que puede incrementarse hasta una tempestuosa agitación psíquica.
 
 
4. Atraída por la mencionada carga, incide sobre el arquetipo la luz de la consciencia; el arquetipo aparece entonces en el ámbito psíquico proiamente dicho, siendo "percibido".
 
 
5. Al entrar el arquetipo "en sí" en contacto con la consciencia, se manifiesta en el plano biológico "inferior" y asume la forma de "expresión pulsional" o bien de dinámica pulsional; o en el plano "superior" espiritual como imagen o idea. En este último caso se asocian a él materia prima imaginaria y configuración de sentido, suegiendo así el símbolo. El revestimiento simbólico con el que resulta visible varía y se transforma con arreglo a las circunstancias exteriores e interiores del sujeto y de la época. A partir del contacto con la consciencia de una colectividad y su problemática, surgen los símbolos colectivos (como, por ejemplo, un mitologema); y del contacto con una consciencia individual y sus problemas, los símbolos individuales (por ejemplo, la imagen de una bruja con los rasgos de la madre personal).
 
 
6. El símbolo aparece frente a la consciencia dotado de una cierta autonomía.
 
 
7. La "gravidez de significación" de un símbolo obliga en grado mayor o menor a la consciencia a una confrontación con él. Esto puede acontecer de los más diversos modos: por contemplación, descripción, interpretación, etc.; de modo general y espontánea o bien dentro de una labor analítica.
 
 
8) A) El símbolo puede hacerse más consciente mediante comprensión, siendo sentido y reconocido como relativamente perteneciente al yo; mas no es completamente dilucidado y continúa, por tanto "vivo" y efectivo.
 
 
B) Puede ser completamente interpretado y explicado, con lo que aparece integrado plenamente por el ego y asimilado por la consciencia, más perdiendo así su "vida" y eficacia, transformándose en una mera alegoría, en un "signo" o en un contenido de conciencia unívocamente concebido. 
 
 
C) Completamente incomprendido, puede enfrentarse a la consciencia del ego de modo hostil, como expresión de un complejo situado tras la misma (como algo extraño y que se le enfrenta), escindirse de ella y provocar una disociación en la psique. Se convierte así en una psique parcial autónoma que se manifiesta en forma de "espíritus", alucinaciones, etc.; es decir: mediante síntomas neuróticos y psicóticos de toda índole.
 
 
Ya que el complejo, en cuanto a su "elemento nuclear", es considerado como un "punto nodal" dinámico del psiquismo inconsciente colectivo, es equiparable al arquetipo en cuanto a su esencia y su modo de actuar. Mas ya que su "núcleo" se va uniendo durante el curso de la vida de un individuo con asociaciones emocionalmente acentudas, experimentando así una "inflacción" y convirtiéndose en formación psíquica más o menos autónoma, representa un factor psíquico aparte, que puede aparecer en forma manifiesta -por ejemplo, como síntoma-, pero que a fines prácticos es diferenciado tanto del símbolo como del arquetipo. La segunda definifición que aquí hemos dado acerca del complejo es la generalmente habitual, y la psicología profunda utiliza dicho término en ese sentido.
 
 
Ya que se entiende habitualmente como complejo algo no plasmado en forma de imagen, y con el concepto de símbolo algo que adopta generalmente aspecto de imagen, está también indicada en este sentido una clara diferenciación en cuanto a la elección del término correspondiente. De todos modos, las transiciones no siempre se pueden reconocer netamente. Por ello se habla con frecuencia de complejos de carácter simbólico y de símbolos de carácter de complejo, según el correspondiente matiz de su índole. 
 
 
En principio, según Jung, en muchas ocasiones coinciden complejo y símbolo, ya que ambos tienen su raíz en un núcleo significativo arquetípico y proceden de lo inconsciente colectivo. Por ello, y como ha hecho Jung, arquetipo, complejo y símbolo, en cuanto a conceptos, pueden utilizarse indistintamente en cuanto a su significado esencial. Mas si se desea establecer entre ellos una diferencias más fina y líneas divisorias más netas, hay que distinguir entre complejos de lo inconsciente colectivo (que en realidad han de ser incluidos entre los arquetipos y también, en determinados casos, entre los símbolos), y complejos pertenecientes a lo inconsciente personal, en los que tras el modo de aparición individual se oculta una serie mayor o menor de símbolos de lo inconsciente colectivo, y que se pueden extraer de su "envoltura individual". De todos modos, la mayoría de los complejos de lo inconsciente personal se han de considerar como signos, o bien como síntomas.
 
 
 
Texto tomado del libro "Complejo, arquetipo y símbolo", editado por Fondo de Cultura Económica, México, 1983. Libro muy interesante para los junguianos. Lo recomendamos. A él pertenecen los derechos de autor.
 Jolande Jacobi - 
 
Proceso "descendente" del Arquetipo, desde lo Psicoideo Colectivo hasta el psiquismo individual, pasando por el complejo y el simbolo. Síntesis certera de J.Jacobi.
En el fundamento arcaico de lo psíquico, como "puntos nodales" y "núcleos de significación" cargados de energía del entramado psíquico infinita e intemporalmente ramificado, están los arquetipos que constituyen lo inconsciente colectivo, el fundamento universal (humano-general), de toda psique individual. Aquí hemos de distinguir entre el arquetipo en sí, que no es perceptible, y que existe tan sólo como condición estructural y posibilidad potencial, perteneciendo a la esfera psicoide de la psique, y el arquetipo que es ya perceptible, que ha sido "presentado" a la consciencia y que ha de ser considerado casisiempre como símbolo. Está igualmente presente en sanos y enfermos, siendo fundamentalmente de la misma naturaleza en ambos. Al igual que sobre unos mismos cimientos se pueden elevar edificios de diversos estilos y tamañaos, una misma forma arquetípica fundamental puede constituir el fundamento de las más variadas formaciones. Su "valor posicional" dentro de todo el sistema de referencia psíquico está determinado con arreglo al contenido que llena el arquetipo y la carga que reciba. Con ello se ponen también de manifiesto el sentido, la importancia y el papel que le corresponden en cada caso.
El intento de dividir por etapas el curso de sacción podría establecer las siguientes fases:
 
 
 
1. El arquetipo reposa, en cuanto a su condición estructural, en la esfera psicoide (en el inconsciente colectivo), como "elemento nuclear" invisible y "portador potencial de significación".
 
 
2. Mediante una constelación adecuada -que puede hallarse determinada tanto individual como colectivamente- recibe un suplemento de energía, aumentando su carga e iniciándose su efectividad energética. La constelación individual resulta de la correspondiente situación de la consciencia del sujeto individual; la colectiva, de la correspondiente a grupos humanos.
 
 
3. La carga del arquetipo se manifiesta por una especie de fuerza magnética de atracción sobre la consciencia que no es al principio reconocida. Se hace notar primeramente por una actividad emocional determinada, que puede incrementarse hasta una tempestuosa agitación psíquica.
 
 
4. Atraída por la mencionada carga, incide sobre el arquetipo la luz de la consciencia; el arquetipo aparece entonces en el ámbito psíquico proiamente dicho, siendo "percibido".
 
 
5. Al entrar el arquetipo "en sí" en contacto con la consciencia, se manifiesta en el plano biológico "inferior" y asume la forma de "expresión pulsional" o bien de dinámica pulsional; o en el plano "superior" espiritual como imagen o idea. En este último caso se asocian a él materia prima imaginaria y configuración de sentido, suegiendo así el símbolo. El revestimiento simbólico con el que resulta visible varía y se transforma con arreglo a las circunstancias exteriores e interiores del sujeto y de la época. A partir del contacto con la consciencia de una colectividad y su problemática, surgen los símbolos colectivos (como, por ejemplo, un mitologema); y del contacto con una consciencia individual y sus problemas, los símbolos individuales (por ejemplo, la imagen de una bruja con los rasgos de la madre personal).
 
 
6. El símbolo aparece frente a la consciencia dotado de una cierta autonomía.
 
 
7. La "gravidez de significación" de un símbolo obliga en grado mayor o menor a la consciencia a una confrontación con él. Esto puede acontecer de los más diversos modos: por contemplación, descripción, interpretación, etc.; de modo general y espontánea o bien dentro de una labor analítica.
 
 
8) A) El símbolo puede hacerse más consciente mediante comprensión, siendo sentido y reconocido como relativamente perteneciente al yo; mas no es completamente dilucidado y continúa, por tanto "vivo" y efectivo.
 
 
B) Puede ser completamente interpretado y explicado, con lo que aparece integrado plenamente por el ego y asimilado por la consciencia, más perdiendo así su "vida" y eficacia, transformándose en una mera alegoría, en un "signo" o en un contenido de conciencia unívocamente concebido. 
 
 
C) Completamente incomprendido, puede enfrentarse a la consciencia del ego de modo hostil, como expresión de un complejo situado tras la misma (como algo extraño y que se le enfrenta), escindirse de ella y provocar una disociación en la psique. Se convierte así en una psique parcial autónoma que se manifiesta en forma de "espíritus", alucinaciones, etc.; es decir: mediante síntomas neuróticos y psicóticos de toda índole.
 
 
Ya que el complejo, en cuanto a su "elemento nuclear", es considerado como un "punto nodal" dinámico del psiquismo inconsciente colectivo, es equiparable al arquetipo en cuanto a su esencia y su modo de actuar. Mas ya que su "núcleo" se va uniendo durante el curso de la vida de un individuo con asociaciones emocionalmente acentudas, experimentando así una "inflacción" y convirtiéndose en formación psíquica más o menos autónoma, representa un factor psíquico aparte, que puede aparecer en forma manifiesta -por ejemplo, como síntoma-, pero que a fines prácticos es diferenciado tanto del símbolo como del arquetipo. La segunda definifición que aquí hemos dado acerca del complejo es la generalmente habitual, y la psicología profunda utiliza dicho término en ese sentido.
 
 
Ya que se entiende habitualmente como complejo algo no plasmado en forma de imagen, y con el concepto de símbolo algo que adopta generalmente aspecto de imagen, está también indicada en este sentido una clara diferenciación en cuanto a la elección del término correspondiente. De todos modos, las transiciones no siempre se pueden reconocer netamente. Por ello se habla con frecuencia de complejos de carácter simbólico y de símbolos de carácter de complejo, según el correspondiente matiz de su índole. 
 
 
En principio, según Jung, en muchas ocasiones coinciden complejo y símbolo, ya que ambos tienen su raíz en un núcleo significativo arquetípico y proceden de lo inconsciente colectivo. Por ello, y como ha hecho Jung, arquetipo, complejo y símbolo, en cuanto a conceptos, pueden utilizarse indistintamente en cuanto a su significado esencial. Mas si se desea establecer entre ellos una diferencias más fina y líneas divisorias más netas, hay que distinguir entre complejos de lo inconsciente colectivo (que en realidad han de ser incluidos entre los arquetipos y también, en determinados casos, entre los símbolos), y complejos pertenecientes a lo inconsciente personal, en los que tras el modo de aparición individual se oculta una serie mayor o menor de símbolos de lo inconsciente colectivo, y que se pueden extraer de su "envoltura individual". De todos modos, la mayoría de los complejos de lo inconsciente personal se han de considerar como signos, o bien como síntomas.
 
 
 
Texto tomado del libro "Complejo, arquetipo y símbolo", editado por Fondo de Cultura Económica, México, 1983. Libro muy interesante para los junguianos. Lo recomendamos. A él pertenecen los derechos de autor. 
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María del Carmen

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