El Sufrimiento.Byron Katie

23.04.2013 18:08

 

  

AMAR LO QUE ES 

Únicamente sufrimos cuando creemos un pensamiento que está en desacuerdo con lo que es. Cuando la mente está perfectamente

clara, lo que es, es lo que queremos. Si quieres que la realidad sea

diferente de lo que es, podrías intentar enseñarle a ladrar a un gato

y obtendrías el mismo resultado. Puedes intentarlo una y otra vez,

y al final, el gato te mirará y volverá a decir: «Miau». Desear que

la realidad sea diferente de lo que es, es un deseo imposible de

satisfacer.

Y aun así, si prestas atención

>

advertirás que tienes

pensamientos de este tipo docenas de veces al día: «La gente

debería ser más amable», «Debería enseñarse a los niños a

comportarse bien», «Mis vecinos deberían cuidar mejor su

césped», «La cola del supermercado debería avanzar más deprisa»,

«Mi mujer (o mi marido) debería estar de acuerdo conmigo»,

«Debería estar más delgada (o ser más guapa o tener más éxito)».

Estos pensamientos constituyen distintas maneras de querer que la

realidad sea diferente de lo que es. Si te parece que esto suena

deprimente, estás en lo cierto. Toda la tensión que sentimos se

origina en nuestras discusiones con lo que es.

Personas aún no familiarizadas con El Trabajo me dicen a

menudo: «Pero si renunciase a mi discusión con la realidad

perdería parte de mi poder. Si simplemente acepto la realidad,

seré pasiva. Quizás incluso pierda el deseo de actuar». Yo les

contesto con una pregunta: «¿Tienes la absoluta certeza de que eso

es verdad?». «Ojalá no hubiese perdido mi trabajo» o «He perdido

mi trabajo; ¿qué puedo hacer ahora?»: ¿Qué es lo que te da más

poder?

El Trabajo revela que lo que piensas que no debería haber

sucedido sí debería haber sucedido. Debería haber sucedido porque

así fue y ningún pensamiento del mundo puede cambiarlo. Eso no

quiere decir que lo toleres ni que lo apruebes. Sólo significa que

eres capaz de ver las cosas sin resistencia y sin la confusión de tu

lucha interior. Nadie quiere que sus hijos enfermen, nadie quiere

ser víctima de un accidente de coche; pero cuando estas cosas

ocurren, ¿de qué forma podría ayudar discutir mentalmente con

ellas? Sabemos que no tiene sentido, y sin embargo, lo hacemos

porque no sabemos cómo dejar de hacerlo.

Soy una amante de lo que es, no porque sea una persona

espiritual, sino porque, cuando discuto con la realidad, sufro.

 

Podemos saber que la realidad está bien tal como es porque,

cuando discutimos con ella, sentimos tensión y frustración. No

nos sentimos normales ni equilibrados. Cuando dejamos de

oponernos a la realidad, la acción se convierte en algo sencillo,

fluido, amable y seguro.

Ocúpate de tus propios asuntos

Sólo puedo encontrar tres tipos de asuntos en el universo: los

míos, los tuyos y los de Dios. (Para mí, la palabra Dios

significa «realidad». La realidad es Dios, porque gobierna. Todo

lo que escapa a mi control, al tuyo y al de cualquier otra persona

es lo que yo denomino «los asuntos de Dios».)

Buena parte de nuestras tensiones proviene de vivir

mentalmente fuera de nuestros asuntos. Cuando pienso:

«Necesitas encontrar un trabajo, quiero que seas feliz, deberías

ser puntual, necesitas cuidar mejor de ti mismo», me estoy

inmiscuyendo en tus asuntos. Cuando me preocupo por los

terremotos, las inundaciones, la guerra o la fecha de mi muerte,

me estoy inmiscuyendo en los asuntos de Dios. Si mentalmente

estoy metida en tus asuntos o en los de Dios, el efecto es la

separación. Fui consciente de esto hace tiempo, en 1986.

Cuando, por ejemplo

>

me inmiscuía mentalmente en los

asuntos de mi madre con pensamientos del tipo: «Mi madre

debería comprenderme», experimentaba de inmediato un

sentimiento de soledad. Y comprendí que siempre que me he

sentido herida o sola, he estado inmiscuida en los asuntos de

otra persona.

Si tú estás viviendo tu vida y yo estoy viviendo

mentalmente tu vida, ¿quién está aquí viviendo la mía? Los dos

estamos ahí. Ocuparme mentalmente de tus asuntos me impide

estar presente en los míos. Me separo de mí misma y me pregunto por qué razón mi vida no funciona.

Pensar que yo sé lo que es mejor para los demás es estar fuera

de mis asuntos. Incluso en nombre del amor, es pura arrogancia y

el resultado es la tensión, la ansiedad y el miedo. ¿Sé lo que es

adecuado para mí? Ese es mi único asunto. Permíteme trabajar en

eso antes de tratar de resolver tus problemas por ti.

Si comprendes los tres tipos de asuntos lo bastante para

ocuparte de los tuyos propios, este conocimiento puede liberar tu

vida de una manera que ni siquiera eres capaz de imaginar. La

próxima vez que sientas tensión o incomodidad, pregúntate de

quién son los asuntos en los que te ocupas mentalmente, ¡y

quizás estalles en carcajadas! Esa pregunta puede devolverte a ti

mismo. Tal vez llegues a descubrir que, en realidad, nunca has

estado presente y que te has pasado toda la vida viviendo

mentalmente en los asuntos de otras personas.

Y si practicas durante un tiempo, quizá descubras que en

realidad no tienes ningún asunto y que tu vida funciona

perfectamente por sí misma.

Enfréntate a tus pensamientos con

comprensión

Un pensamiento resulta inofensivo a menos que nos lo creamos.

No son nuestros pensamientos, sino nuestro apego a ellos, lo que

origina nuestro sufrimiento. Apegarse a un pensamiento significa

creer que es verdad sin indagar en él. Una creencia es un

pensamiento al que hemos estado apegados, a menudo durante

años.

La mayoría de la gente cree que «es» lo que sus

pensamientos dicen que es. Un día advertí que no estaba

respirando: me estaban respirando. Entonces también advertí, con

gran sorpresa, que no estaba pensando: que, en realidad, estaba siendo pensada y que pensar no es personal. ¿Te despiertas por la

mañana y te dices: «Creo que hoy no voy a pensar»? Es

demasiado tarde: ¡ya estás pensando! Los pensamientos

sencillamente aparecen. Provienen de la nada y vuelven a la nada,

como nubes que se mueven a través de un cielo vacío. Están de

paso, no han venido para quedarse. No son perjudiciales hasta que

nos apegamos a ellos como si fueran verdad. Nadie ha sido capaz,

jamás, de controlar su pensamiento, aunque la gente cuente la

historia de cómo lo ha conseguido. No dejo que mis

pensamientos se marchen: me enfrento a ellos con comprensión.

Son ellos los que me dejan marcharme a mí.

Los pensamientos son como la brisa o las hojas en los

árboles o las gotas de lluvia que caen. Aparecen del mismo modo,

y a través de la indagación, podemos entablar amistad con ellos.

¿Discutirías con una gota de lluvia? Las gotas de lluvia no son

personales, como tampoco lo son los pensamientos. Una vez que te

has enfrentado a un concepto doloroso con comprensión, la

próxima vez que aparezca quizá te resulte interesante. Lo que solía

ser una pesadilla ahora es sólo algo interesante. La siguiente vez

que aparezca, tal vez te resulte divertido. Y la siguiente vez, quizá

ni siquiera lo adviertas. Este es el poder de amar lo que es.

Pon la mente en el papel

El primer paso de El Trabajo consiste en escribir tus juicios sobre

cualquier situación estresante de tu vida pasada, presente o futura:

una persona que te desagrada o te preocupa, una situación que te

provoca enfado, miedo o tristeza, o alguien ante quien sientes

ambivalencia o confusión. Escribe tus juicios tal como los

piensas. (Utiliza una hoja de papel en blanco; también puedes

encontrar en el sitio web http://www.thework.org, en la sección

denominada «Do The Work» [«Haz El Trabajo»], una «Hoja de

Trabajo para juzgar a tu prójimo» [Judge-Your-Neighbour

Worksheet] que puedes balarte e imprimir.)

 

Durante miles de años, nos han enseñado a no juzgar; pero,

seamos sinceros, de todos modos lo hacemos sin parar. La

verdad es que todos tenemos siempre juicios en la cabeza. A

través de El Trabajo tenemos permiso, finalmente, para expresar

esos juicios, v hasta «gritarlos», en el papel. Tal vez descubramos

que es posible enfrentarse incluso a los pensamientos más

desagradables con un amor incondicional.

Te animo a que escribas sobre alguien a quien no hayas perdonado

totalmente. Este es el lugar más eficaz por donde empezar. Aun

cuando hayas perdonado a esa persona en un 99 por ciento, no

serás libre hasta que tu perdón sea completo. Ese 1 por ciento que

no has perdonado es precisamente el lugar en el que te has

atascado con el resto de tus relaciones (incluida la relación

contigo mismo).

Si empiezas por dirigir el dedo acusador hacia fuera,

entonces el centro de atención no recaerá en ti. Sencillamente te

soltarás sin censurarte. Con frecuencia estamos bastante seguros

sobre lo que otras personas necesitan hacer, cómo deberían vivir

y con quién deberían estar. Cuando se trata de otras personas,

tenemos una visión clara, pero no sucede lo mismo con nosotros

mismos.

A1 realizar El Trabajo, comprendes quién eres porque ves

quiénes crees que otras personas son. Con el tiempo, llegas a

ver que todo lo que está fuera de ti es un reflejo de tu propio

pensamiento. Eres el narrador de la historia, el proyector de

todas las historias, y el mundo es la imagen proyectada de tus

pensamientos.

Desde el principio de los tiempos, la gente ha intentado

cambiar el mundo a fin de ser feliz. Esto nunca ha funcionado porque

aborda el problema en el orden contrario. El Trabajo nos brinda un

medio para cambiar el proyector -la mente- en lugar de lo proyectado.

Es como cuando hay un fragmento de polvo en la lente de un

proyector. Creemos que hay una imperfección en la pantalla eintentamos cambiar a quienquiera que sea sobre quien recaiga la

imperfección. Pero intentar cambiar las imágenes proyectadas

constituye un esfuerzo fútil. Una vez que comprendemos dónde está

la mota de polvo, podemos limpiar la lente. Esto constituye el fin

del sufrimiento y el principio de la dicha en el paraíso.

Cómo escribir en la Hoja de Trabajo

Te invito a que juzgues, a que seas duro, infantil, mezquino.

Escribe con la espontaneidad de un niño que está triste, enfadado,

confundido o asustado. No intentes ser sensato, espiritual o amable.

Este es un momento para ser totalmente sincero y no censurar tus

sentimientos. Permite que se expresen a sí mismos sin temor a las

consecuencias o a las amenazas de castigo.

Seguidamente encontrarás un ejemplo de una <<Hoja de

Trabajo para juzgar a tu prójimo>> ya escrita. En este ejemplo he

escrito sobre mi segundo marido, Paul (incluido aquí con su

permiso). Estos son los tipos de pensamientos que solía tener sobre

él antes de que mi vida cambiase. Te invito a que, a medida que leas,

reemplaces el nombre de Paul por el de la persona de que se trate en

tu vida.

1.¿Quién provoca tu enfado o tu tristeza o te decepciona? ¿Qué es

lo que no te gustaba o todavía no te gusta de esta persona? No me

gusta (estoy enfadada con, o triste, asustada, confundida, etc., a

causa de) (nombre) Paul porque no me escucha. Estoy enfadada

con él porque no me valora. No me gusta Paul porque discute

portodo lo que digo.

2. ¿Cómo quieres que cambie? ¿Qué quieres que haga? Quiero que

(nombre) Paul me brinde toda su atención. Quiero que me ame

completamente Quiero que esté de acuerdo conmigo Quiero que

haga más ejercicio.

3.¿Qué es lo que debería o no debería hacer, ser, pensar o sentir? (Nombre) Paul no debiera ver tanta televisión. Debería dejar de

fumar. Debería decirme que me ama. No debería ignorarme.

4.¿Necesitas algo de esa persona? ¿Qué tiene que darte o hacer

para que seas feliz? Necesito que (nombre) Paul me escuche.

Necesito que deje de mentirme. Necesito que comparta sus

sentimientos conmigo y que esté emocionalmente disponible.

Necesito que sea amable y tierno y que tenga paciencia.

5.¿Qué piensas de esa persona? Haz una lista. (Nombre) Paul no

es sincero Es temerario e infantil. Se cree que para él no valen

las reglas. No es nada compasivo y nunca está disponible. Es un

irresponsable.

6.¿Qué es lo que no quieres experimentar nunca más con esa

persona, cosa o situación? No quiero nunca más o me niego a

vivir con Paul si no cambia. No quiero volver a discutir

nunca más con él. No quiero que me vuelva a mentir jamás.

Indagación: Las cuatro preguntas y la

inversión

1. ¿Es eso verdad?

2. ¿Tienes la absoluta certeza de que eso es verdad?

3. ¿Cómo reaccionas cuando tienes ese pensamiento?

4. ¿Quién serías sin ese pensamiento?

Responde a estas cuatro preguntas y luego invierte tus respuestas.

Ahora, utilizando las cuatro preguntas, investiguemos la primera

afirmación del punto 1 del ejemplo: No me gusta Paul porque no

me escucha. A medida que leas, piensa en alguien a quien todavía no hayas perdonado del todo.

1. ¿Es eso verdad? Pregúntate: «¿Es verdad que Paul no me

escucha?». Permanece en calma. Si realmente quieres saber la

verdad, la respuesta a esa pregunta aparecerá. Permite que la

mente haga la pregunta y espera a que emerja la respuesta.

2. ¿Tienes la absoluta certeza de que eso es verdad? Considera

estas preguntas: «¿Tengo la absoluta certeza de que es verdad que

Paul no me escucha? ¿Puedo saber realmente si una persona está

escuchando o no? ¿Acaso en ocasiones aunque parezca que no

estoy escuchando sí lo estoy haciendo?».

3. ¿Cómo reaccionas cuando tienes ese pensamiento? ¿Cómo

reaccionas cuando piensas que Paul no te escucha? ¿Cómo le

tratas? Haz una lista. Por ejemplo: «Le lanzo "mi mirada". Le

interrumpo. Le castigo no prestándole atención. Empiezo a hablar

más rápido y más fuerte e intento forzarlo a que me escuche».

Continúa haciendo tu lista, y a medida que vayas profundizando

en tu interior, observa cómo te tratas a ti misma en esa situación

y cómo te sientes. «Me encierro en mí misma. Me aíslo. Como y

duermo mucho y me quedo mirando la televisión durante días.

Me siento deprimida y sola.» Advierte todos los efectos que

provoca pensar: «Paul no me escucha».

4. ¿Quién serías sin ese pensamiento? Ahora considera quién

serías si no fueses capaz de pensar: «Paul no me escucha». Cierra

los ojos e imagina que él no te está escuchando. Imagínate que no

tienes el pensamiento de que Paul no te escucha (ni siquiera el de

que debería escucharte). Tómate el tiempo que necesites. ¿Qué es

lo que ves? ¿Cómo te sientes?

Haz la inversión. La afirmación original: «No me gusta Paul porque no me escucha», al invertirla, podría transformarse en:

«No me gusto a mí misma porque no escucho a Paul». ¿Es eso

verdad para ti? ¿Escuchas a Paul cuando piensas que él no te

escucha? Busca otros ejemplos de cómo no escuchas.

Otra inversión que podría ser igual de verdadera, o incluso

más, es: «No me gusto porque no me escucho a mí misma».

Cuando estás pensando en lo que Paul debería hacer, ¿te estás

escuchando a ti misma? ¿Pones en espera tu propia vida cuando

crees que él debería estar escuchando? ¿Puedes oír cómo le hablas

a Paul cuando crees que debería escucharte?`

Tras haber reflexionado sobre estas inversiones, continúa

haciendo una indagación típica con la siguiente afirmación del

punto 1 de la Hoja de Trabajo de ejemplo -Estoy enfadada con él

porque no me valora-, y después haz lo mismo con el resto de

las afirmaciones que aparecen en esa hoja.

 

Juzgar a tu prójimo

Luego, escribir

Hacer cuatro preguntas

Después, invertir Tu turno: la Hoja de Trabajo

Ahora sabes lo suficiente para tratar de realizar El Trabajo. En primer lugar, escribe tus pensamientos en un papel. Todavía no

ha llegado el momento de indagar con las cuatro preguntas; eso

lo haremos más adelante. Escoge una persona o una situación y

escribe sobre ella utilizando frases cortas y sencillas. Acuérdate

de dirigir el dedo acusador hacia fuera. Puedes escribir a partir

de tu situación actual o desde el punto de vista que tenías a los

cinco o a los veinticinco años. Por favor, no escribas sobre ti

todavía.

1. ¿Quién provoca tu enfado o tu tristeza o te decepciona?

¿Qué es lo que no te gustaba o todavía no te gusta de esta

persona? (Recuerda: sé duro, infantil y mezquino.) No me

gusta (estoy enfadado con, o triste o confundido por) (nombre)

porque ____________________________________________

2. ¿Cómo quieres que cambie? ¿Qué quieres que haga?

Quiero que (nombre) __________________

3. ¿Qué es lo que debería o no debería hacer, ser, pensar o

sentir? (Nombre) debería (no debería) ________

4. ¿Necesitas algo de esa persona? ¿Qué tiene que darte o

hacer para que seas feliz? (Finge que es tu cumpleaños y que

puedes pedir absolutamente todo lo que quieras. ¡Adelante!)

Necesito que (nombre) ________

5. ¿Qué piensas de esa persona? Haz una lista. (No seas

racional ni amable.) (Nombre) es ____________

6. ¿Qué es lo que no quieres experimentar

nunca más con esa persona, cosa o situación?

No quiero nunca más o me niego a _______Tu turno: la indagación

Una a una, somete cada afirmación de tu «Hoja de Trabajo para

juzgar a tu prójimo» a la prueba de las cuatro preguntas, y

después invierte la afirmación con la que estés trabajando. (Si

necesitas ayuda, puedes volver a consultar el ejemplo de Paul

que he dado en este mismo capítulo.) A lo largo de este proceso,

explora la apertura a otras posibilidades que están más allá de lo

que crees saber. Comprobarás que no hay nada más excitante que

descubrir la mente desconocida.

Es como zambullirse en el agua. Continúa haciendo la

pregunta y espera. Permite que sea la respuesta quien te

encuentre. Yo lo llamo «el corazón que recibe a la mente»: la

polaridad más benévola de la mente (el corazón) recibiendo a la

polaridad que está confundida porque no ha sido investigada.

Cuando la mente pregunte sinceramente, el corazón responderá.

Quizás empieces a experimentar revelaciones sobre ti y tu

mundo capaces de transformar tu vida entera, para siempre.

Observa la primera afirmación que has escrito en el punto 1

de tu Hoja de Trabajo. Ahora, hazte las siguientes preguntas:

1. ¿Es eso verdad?

Para mí, la realidad es lo que es verdad. La verdad es

cualquier cosa que está delante de ti, cualquier cosa que

realmente está sucediendo. Te guste o no, ahora está lloviendo.

«No debería estar lloviendo» es simplemente un pensamiento.

En realidad, el «debería» y el «no debería» no existen. Son sólo

pensamientos que imponemos a la realidad. Sin los «debería» y

«no debería», podemos ver la realidad tal como es, y esto nos

hace libres para actuar de una manera efectiva, lúcida y sensata.Tómate el tiempo que necesites. El Trabajo consiste en

descubrir lo que es verdad en lo más profundo de tu interior.

Ahora estás escuchando tus respuestas, no las de otras personas

ni tampoco cualquier otra cosa que hayan podido enseñarte.

Esto puede resultar muy perturbador, porque estás entrando en

lo desconocido. A medida que continúes sumergiéndote más

profundamente, permite que la verdad que está en tu interior

salga a la superficie a fin de responder a la pregunta. Sé amable

mientras llevas a cabo tu indagación. Permite que la experiencia

te embargue completamente.

2. ¿Tienes la absoluta certeza de que eso es verdad?

Si la respuesta a la primera pregunta es sí, pregúntate: «¿Tengo la

absoluta certeza de que eso es verdad?». En muchos casos, la

afirmación sólo parece ser verdad. Claro que lo parece. Tus

conceptos se basan en una vida entera de creencias que no has

investigado.

Tras despertarme a la realidad en el año 1986, en muchas

ocasiones advertí que la gente, en las conversaciones, los medios

de comunicación y los libros hacía afirmaciones como estas: «En

el mundo no hay suficiente comprensión», «Hay demasiada

violencia», «Deberíamos amarnos más los unos a los otros». Son

historias que yo también solía creer. Parecían ser afirmaciones

sensibles, amables y humanitarias pero cuando las escuchaba,

advertía que creer en ellas me provocaba tensión y me impedía

sentirme sosegada interiormente.

Por ejemplo, cuando escuchaba la historia: «La gente debería

ser más afectuosa», surgían en mí las preguntas: «¿Tengo la

absoluta certeza de que eso es verdad? ¿Puedo realmente saber por

mí misma, en mi interior, que la gente debería ser más afectuosa?

Aun cuando el mundo entero me diga que así debería ser, ¿es

realmente verdad?». Y para mi sorpresa, cuando escuché mi voz

interior, vi que el mundo es lo que es, nada más y nada menos En lo referente a la realidad, no hay ningún «debería ser». Sólo

hay lo que es, de la manera que es y en este mismo momento. La

verdad es anterior a cualquier historia. Y cualquier historia, antes

de la investigación, nos impide ver lo que es verdad.

Finalmente, podía indagar sobre cualquier historia

potencialmente incómoda: «¿Tengo la absoluta certeza de que

eso es verdad?». Y la respuesta, como la pregunta, constituía

una experiencia: No. Permanecía aferrada a esa respuesta:

solitaria, tranquila, libre.

¿Cómo no iba a ser la respuesta correcta? Toda la gente que

conocía y todos los libros decían que la respuesta debería ser sí, pero

yo llegué a comprender que la verdad no puede ser dictada por nadie,

porque tiene una existencia propia. En presencia de ese no interior,

comprendí que el mundo es siempre como debe ser, me opusiese a él o

no. Y llegué a aceptar la realidad con todo mi corazón. Amo el

mundo, sin condiciones.

Si tu respuesta continúa siendo sí, bien. Si piensas que

tienes la absoluta certeza de que eso es verdad, lo adecuado es

pasar a la tercera pregunta.

3. ¿Cómo reaccionas cuando tienes ese pensamiento?

Con esta pregunta empezamos a advertir la causa y el efecto

interiores. Te das cuenta de que, cuando crees en el pensamiento,

experimentas una sensación incómoda, una perturbación cuya

intensidad puede variar desde un tenue malestar hasta el miedo o

incluso el pánico.

Después de que las cuatro preguntas me descubriesen, reparaba en

pensamientos como: «La gente debería ser más afectuosa» y

observaba que me provocaban un sentimiento de desasosiego. Me

daba cuenta de que, antes del pensamiento, sentía paz. Mi mente estaba tranquila y serena. Así era yo sin mi historia. Entonces, en

la quietud de la conciencia, empecé a observar los sentimientos

que provenían de mi apego a ese pensamiento. Y en esa quietud

pude ver que el resultado de creer en ese pensamiento era un

sentimiento de desasosiego y tristeza. Cuando me pregunté:

«¿Cómo reacciono cuando tengo ese pensamiento, cuando creo

que la gente debería ser más afectuosa?», comprobé que no sólo

experimentaba una sensación de incomodidad (esto era obvio),

sino que también reaccionaba elaborando imágenes mentales

.

Para demostrarme que ese pensamiento era verdad, me iba

volando un mundo que no existía Había reaccionado viviendo en

un cuerpo lleno de tensión y viéndolo todo a través de unos ojos

temerosos; era una sonámbula, alguien sumido en una pesadilla

interminable. El remedio consistía sencillamente en

investigarlo.

Adoro la tercera pregunta. Una vez que la respondes por ti

mismo, una vez que comprendes la causa y el efecto de un

pensamiento, todo el sufrimiento empieza a desenmarañarse.

4. ¿Quién serías sin ese pensamiento?

Esta es una pregunta muy poderosa. Imagínate en presencia de la

persona sobre la que has escrito cuando está haciendo lo que tú crees

que no debería hacer. Ahora cierra los ojos durante uno o dos

minutos, respira profundamente e imagina quién serías si no fueses

capaz de tener ese pensamiento. ¿De qué manera cambiaría tu vida en

la misma situación pero sin ese pensamiento? Mantén los ojos

cerrados y observa a esa persona sin tu historia. ¿Qué es lo que ves?

¿Cómo te sientes con ella sin tu historia? ¿Cómo la prefieres: con o

sin tu historia? ¿Qué resulta más amable? ¿Qué resulta más apacible?

Para muchas personas, la vida sin sus historias es

literalmente inimaginable. No tienen ninguna referencia. Por esa

razón, una respuesta común a esta pregunta es: «No lo sé». Otras

personas responden diciendo: «Sería libre», «Tendría paz» o

«Sería una persona más afectuosa». Tú podrías decir: «Estaría lo bastante lúcido para comprender la situación y actuar con

eficacia». Sin nuestras historias no sólo somos capaces de actuar

con eficacia y sin miedo, sino que también nos convertimos en un

amigo que sabe escuchar. Somos personas que viven felizmente

su vida. La apreciación y la gratitud se han convertido para

nosotros en algo tan natural como respirar. La felicidad es el

estado natural de alguien que sabe que no hay nada que saber y

que ya tiene todo lo que necesita aquí y ahora.

Haz la inversión

Con este propósito, escribe de nuevo tu afirmación. En

primer lugar, escríbela como si la hubieses escrito sobre ti. Donde

has puesto el nombre de la persona sobre la que estás hablando,

pon el tuyo. En lugar de «él» o «ella», escribe «yo». Por

ejemplo: «Paul debería ser amable conmigo» se convierte en: «Yo

debería ser amable conmigo misma» y «Yo debería ser amable

con Paul». Otro tipo de inversión es la de 180 grados. Con ella

conseguimos el extremo opuesto: «Paul no debería ser amable

conmigo». No debería serlo porque no lo es (en mi opinión). No

es una cuestión de moralidad, sino que sencillamente es verdad.

Quizá llegues a descubrir tres, cuatro o incluso más

inversiones posibles para una sola afirmación. O tal vez sólo haya

una que sea verdadera para ti.

Considera si la afirmación invertida es tan verdadera como (o

incluso más verdadera que) la original. Por ejemplo, la inversión

«Yo debería ser amable conmigo misma» parece tan verdadera

como (o más verdadera que) la afirmación original, porque cuando

pienso que Paul debería ser amable conmigo, me enfado y me

lleno de resentimiento, y de este modo, me provoco mucha

tensión nerviosa. Esto no es ser amable con uno mismo. Si fuese

amable conmigo misma, no tendría que estar esperando la

amabilidad de los demás. «Yo debería ser amable con Paul»: esta

inversión también es, al menos, tan verdadera como la afirmación original. Cuando pienso que Paul debería ser amable conmigo y

me enfado y me lleno de resentimiento, lo trato secamente, en

especial en mi mente. Mejor empezar por mí misma y actuar

como me gustaría que actuase Paul. En cuanto a «Paul no debería

ser amable conmigo», eso es, con toda seguridad, más cierto que

lo opuesto. No debería ser amable porque no lo es. Esa es la

realidad.

La inversión es una parte de El Trabajo muy poderosa.

Mientras pienses que la causa de tu problema está «ahí fuera» -

mientras pienses que cualquier persona o cualquier cosa es la

responsable de tu sufrimiento-, la situación es irremediable.

Significa que te sitúas para siempre en el papel de víctima, que

estás sufriendo en el paraíso. De modo que empieza a llevar la

verdad a casa y a liberarte. La indagación combinada con la

inversión es el camino más rápido para llegar a comprendernos a

nosotros mismos.

La inversión para la afirmación del punto 6

Esta inversión Hoja de Trabajo es un poco distinta a las demás.

Substituimos «No quiero... nunca más...» por «Estoy dispuesto

a„.» y «Estoy deseoso de...». Por ejemplo, «No quiero discutir

nunca más con Paul», al invertirse queda así: «Estoy dispuesta a

discutir con Paul de nuevo» y «Estoy deseosa de discutir con

Paul de nuevo».

El objeto de esta inversión es el de aceptar toda la vida.

Decir y querer decir: «Estoy dispuesto a... » da lugar a la

apertura, la creatividad y la flexibilidad. Cualquier resistencia

que puedas haber sentido se suaviza y esto te permite

iluminarte, en lugar de seguir aplicando desesperadamente la fuerza de voluntad, o la mera fuerza, para erradicar esa situación

de tu vida. Decir y querer decir: «Estoy deseoso de... » es una

manera de abrirte activamente a lo que la v ida despliega ante ti.

Es bueno reconocer que los mismos sentimientos o la misma

situación pueden suceder de nuevo, aunque sólo sea en tus

pensamientos. Cuando comprendes que el sufrimiento y el

malestar son la llamada para iniciar la indagación, probablemente

empieces a esperar con ilusión los sentimientos molestos. Tal vez

incluso los consideres amigos que vienen a enseñarte que todavía

no has investiga- do el camino con la suficiente meticulosidad.

Ya no es necesario esperar a que la gente o las situaciones

cambien a fin de experimentar la paz y la armonía. El Trabajo es

la manera más directa de orquestar tu propia felicidad.

 

 

Preguntas y respuestas

P. Me cuesta trabajo escribir acerca de otros. ¿Puedo escribir

acerca de mí mismo?

R. Si quieres conocerte, sugiero que escribas acerca de otra

persona. Enfoca El Trabajo hacia fuera al principio, y quizá

llegues a ver que todo lo de allá fuera es un reflejo directo de tu propio pensamiento. Todo se trata de ti. La mayoría de nosotros

hemos estados apuntando nuestra crítica y nuestros juicios hacia

nosotros mismos durante años, y no hemos solucionado nada con

ello. Juzgar a otra persona, hacer las preguntas, e invertir la

aseveración es el camino más corto a la comprensión y la

autorrealización.

P: ¿Cómo puedes decir que la realidad es buena? ¿Qué

hay de las guerras, las violaciones, la pobreza, la

violencia y el abuso sexual y el maltrato de los niños?

¿Los toleras?

R: ¿Cómo podría tolerar todo eso? Sencillamente advierto que si

creo que no debería existir, sufro. Esas cosas existen hasta que

dejen de hacerlo. ¿Puedo poner fin a mi guerra interior? ¿Puedo

dejar de violarme a mí misma y violar a los demás con

pensamientos abusivos? Si no soy capaz de hacerlo, continúo en

mí misma precisamente lo que quiero acabar en el mundo.

Comienzo poniendo fin a mi propio sufrimiento, mi propia

guerra. Es el trabajo de una vida.

P: Entonces, lo que dices es que debo aceptar la realidad tal

como es y no luchar con ésta. ¿Estoy en lo correcto?

R: El Trabajo no determina lo que alguien debe o no debe hacer.

Sencillamente preguntamos: ¿Cómo afecta tu vida luchar contra la

realidad? ¿Cómo se siente? Este Trabajo explora la causa y el

efecto del apego a pensamientos dolorosos, y mediante esa

investigación encontramos nuestra libertad. Sencillamente

dictaminar que no debemos luchar contra la realidad sólo agrega

otra “historia”, otra filosofía o religión a la realidad. Nunca ha

funcionado.

P: Parece que aceptar siempre la realidad sea como no querer

nunca nada. ¿No es más interesante querer cosas?

R: Mi experiencia es que yo siempre quiero algo. ¡No sólo es

interesante, es extático! Los que quiero es lo que es. Lo que amo

es lo que ya tengo. Cuando quiero lo que tengo, no hay

separación entre el pensamiento y la acción; se mueven juntos sin

conflictos. Siempre que experimentes alguna carencia, escribe tu pensamiento e indaga. En mi opinión, la vida nunca se queda

corta y no requiere un futuro. Todo lo que necesito se me

proporciona siempre y no tengo que hacer nada para conseguirlo.

No hay nada más estimulante que amar lo que es.

P: Supón que no tengo un problema con las personas.

¿Puedo escribir acerca de cosas tales como mi cuerpo?

R: Sí. Haz El Trabajo sobre cualquier área de tu vida que produce

estrés. A medida que te familiarices con las cuatro preguntas y la

inversión, puedes escoger temas como el cuerpo, la enfermedad, la

profesión o hasta Dios. Luego, experimenta usando la frase “mi

pensamiento” en vez del tema cuando hagas las inversiones.

Ejemplo: “Mi cuerpo debería ser fuerte y saludable”

“ Mi pensamiento debería ser fuerte y saludable”

¿No es lo que verdaderamente quieres? ¿Una mente balanceada y

saludable? ¿Alguna vez el cuerpo enfermo ha sido el problema? O

¿son tus pensamientos acerca del cuerpo enfermo los que causan el

problema y el estrés? Investiga. Deja que el médico se ocupe de tu

cuerpo, mientras tú te ocupas de tu pensamiento. Tengo un amigo

que no puede mover su cuerpo y ama su vida. La libertad no

requiere de un cuerpo sano. Libera tu mente.

P: ¿Cómo puedo aprender a perdonar a alguien que me hizo

mucho daño?

R: Juzga a tu enemigo, escribe tus afirmaciones, hazte las cuatro

preguntas e invierte las afirmaciones. Comprueba por ti mismo

que el perdón significa descubrir que lo que creíste que había

sucedido no sucedió. Si no ves que no hay nada que perdonar, es

que realmente no has perdonado. Nadie ha herido nunca a nadie.

Nadie ha hecho nunca nada terrible. No hay nada terrible salvo tus

pensamientos no investigados sobre lo que ocurrió. De modo que,

siempre que sufras, indaga, examina los pensamientos que estás

teniendo y libérate. Sé un niño. Empieza por la mente que todo lo

desconoce. Lleva esa ignorancia hasta la libertad.

 

P: ¿Es la indagación un proceso de pensamiento? Y si no

es eso, ¿qué es?

R: La indagación parece ser un proceso de pensamiento, pero, en

realidad, es un medio para deshacer pensamientos. Cuando

comprendemos que, de todos modos, no somos nosotros quienes

los pensamos, los pensamientos pierden su poder sobre nosotros.

Los pensamientos sencillamente aparecen en nuestra mente. No

son personales. A través de El Trabajo, en vez de evadir o

reprimir los pensamientos, aprendemos a recibirlos con los brazos

abiertos.

 

 

“Katie-ismos”

Cuando discutes con la realidad, pierdes, pero nada más siempre Las personalidades no aman, quieren algo.

Si tuviera una oración especial sería: “Dios, libérame de desear

amor, aprobación o aprecio. Amen.”

No finjas estar más allá de tu propia evolución.

Yo soy el causante de mi propio sufrimiento, pero sólo de todo

ello.

Una mente sin cuestionar es el mundo del sufrimiento.

Cualquier cosa que quieras preguntarle a un maestro, pregúntatelo

a ti mismo. Si realmente quieres saber la verdad, la respuesta se

encontrará con tu pregunta.

No es tu trabajo quererme, ese es mí trabajo.

Lo peor que ha sucedido jamás es un pensamiento no

cuestionado.

La mente sana no sufre, nunca.

El maestro que necesitas es la persona con quien vives. ¿Estás

escuchando?

Yo no suelto mis conceptos, los encuentro mediante la indagación

y luego, ellos me sueltan a mí.

La realidad es siempre más bondadosa que la historia que

contamos acerca de ella.

En última instancia, yo soy todo lo que puedo conocer.

La confusión es la única causa del sufrimiento.

Lo que es, es. No te tocó votar. ¿Te das cuenta?

Tengo muy claro que todo el mundo me ama. Sólo que no espero

que ellos lo sepan todavía.

No existen problemas físicos, sólo mentales.

La ruta directa es: “Dios es todo; Dios es bueno.”

La única manera en que puedo estar enojada contigo es cuando yo

he pensado, dicho, o hecho algo desagradable en mi propia opinión.

La realidad es Dios, porque reina.

 

 

 

 

 

 

El Trabajo de Byron Katie es una manera de identificar y cuestionar los pensamientos que causan todo el sufrimiento en el mundo. Es una manera de encontrar la paz dentro de ti y en el mundo. Los ancianos, los jóvenes, los enfermos, los sanos, los educados y los que carecen de educación—cualquier persona con una mente abierta puede hacer este Trabajo.

Byron Kathleen Reid sufrió una severa depresión después de cumplir los treinta años. A lo largo de diez años, su depresión se profundizó y Katie (como le dicen) se pasó cerca de dos años casi incapaz de salir de su cama y obsesionada con la idea del suicidio. De repente una mañana, desde las profundidades de la desesperación, tuvo una revelación que transformó su vida.

Katie comprendió que cuando creía que algo debería ser diferente de cómo era («Mi marido debería quererme más», «Mis hijos deberían apreciarme») ella sufría, y que cuando no creía estos pensamientos, sentía paz. Vio que la causa de su depresión no era el mundo alrededor suyo, sino lo que ella creía respecto a ese mundo. En un repentino despertar interior, Katie entendió que nuestro esfuerzo por encontrar la felicidad estaba enrevesado: en vez de intentar, inútilmente, cambiar el mundo para ajustarlo a nuestros pensamientos de cómo «debería» ser, podemos cuestionar estos pensamientos y, mediante el encuentro con la realidad como es, experimentar una libertad y un gozo inimaginables. Katie desarrolló un método de indagación sencillo y, sin embargo, poderoso llamado El Trabajo, que rendía alcanzable esta transformación. Como resultado, una mujer deprimida y con tendencias suicidas se llenó de amor por todo lo que la vida le aporta.

 

Esta revelación de Katie coincide con las últimas investigaciones de

la sicología cognitiva, y El Trabajo se ha comparado al diálogo

socrático, las enseñanzas budistas y los programas de doce pasos. Sin

embargo, Katie desarrolló su propio método sin conocimiento alguno

de religión ni sicología. El Trabajo se basa totalmente en la

experiencia directa de una mujer respecto a cómo se crea el

sufrimiento y cómo se le pone fin. Es asombrosamente sencillo,

accesible a personas de todas las edades y procedencias, y no requiere

más que pluma, papel y una mente abierta. Katie comprendió desde

un principio que aportar a las personas sus respuestas o percepciones

era de poco valor; en vez de eso, les ofrece un proceso mediante el

cual las personas pueden encontrar sus propias respuestas. Las

primeras personas que se sometieron a El Trabajo reportaron que

había transformado su vida, y al poco tiempo Katie comenzó a recibir invitaciones para enseñar este proceso al público en general.

 

Contacto

María del Carmen

609458688 idrisazzahra@gmail.com