Implicancias psicológicas de la Constelación del Selbst

27.03.2014 15:05
 

 La pérdida del sentido Mítico

 

“Si bien el hombre moderno se encuentra sobre una cúspide, mañana será sobrepasado; si bien es el resultado de una antiquísima evolución es a la vez la mayor desilusión concebible de todas las esperanzas de la humanidad. El hombre moderno es consciente de esto. Ha visto hasta qué punto la ciencia, la técnica y la organización pueden actuar de manera benéfica, pero también catastrófica. (…)…la consciencia moderna es comparable al alma de una persona que tras sufrir una fatal conmoción se ha vuelto esencialmente insegura.”[80]

 (…)…el hombre moderno comienza a comprender que todo progreso en o exterior genera al mismo tiempo la creciente posibilidad de una catástrofe todavía mayor”.[81]

 

A partir del Renacimiento vimos la emergencia de la conciencia individual en grado creciente desde las aguas matriciales de lo colectivo indiferenciado. La conciencia individual se fue afianzando en su despliegue con el correr de los siglos. El ser humano se fue distinguiendo de la naturaleza, tomó distancia de su unión biológica con ella, y de sus ciclos y ritmicidades instintivas; se animó a sentirse con derecho a controlarla, a usufructuarla y a manipularla instrumentalmente.

Simultáneamente, al tiempo que la conciencia individual se iba fortaleciendo, se fue resquebrajando la relación con el inconsciente.

Cuanto mayor es la separación en el diálogo entre consciente e inconsciente, más se promueve que en la conciencia aumenten las condiciones de fragilidad y exposición frente al inconciente colectivo. Hoy la conciencia, debido a la enorme distancia con lo inconsciente, se ve desafiada a un movimiento de compensación enantiodrómico por parte de sus fuerzas arquetípicas, las cuales están avanzando sobre ella con fuerza y violencia.

 

“Por eso, con la creciente escisión entre conciencia e inconsciente, crece también el peligro de contagio psíquico y de psicosis de masas. Con la pérdida de las ideas simbólicas se cortan puentes entre el inconsciente y la conciencia: ya ningún instinto protege contra ideas insalubres y slogans vacíos: la razón sin tradición y su fundamento instintivo está desprotegida de cualquier absurdidad.”[82]

 

En esta dirección de pensamientos, en su libro La realidad del Alma, Jung nos advierte dos cuestiones a tener en consideración en el momento actual:

·                    Por un lado, tras siglos de creencia unilateral en el alma y en el espíritu como entidades autónomas de la materia, fuimos atravesados por un movimiento enantiodrómico en sentido inverso. Debido a esto, la humanidad osciló mecánicamente de modo compensatorio hacia el otro polo: Los últimos doscientos años cuestionaron la existencia del alma y del espíritu, y redujeron al alma a un mero fenómeno fisiológico (por ejemplo, el considerar a los sueños como productos de desechos neuronales, o a la conciencia como un epifenómeno cerebral), lo cual dio lugar al desarrollo de una psicología sin alma.

·                    Por otro, (y para integrar esa dualidad antinómica), Jung nos invita a tener valor y ejercer una psicología con alma fundamentada empíricamente. Cuando Jung se refiere a lo empírico, no lo hace en el sentido restrictivo positivista, sino más bien en un sentido fenomenológico (el fenómeno es lo que se aparece ante mí, no sólo antes mis cinco sentidos, sino también ante mi intuición). En numerosas ocasiones él aclara que el espíritu de la época busca no sólo creer en Dios, sino conocerlo (en el sentido gnóstico)tener una experiencia primigenia. Todo movimiento enantiodrómico para ser trascendido debe integrar de modo dialéctico a los polos que lo constituyen. En este caso, habría que aunar las raíces míticas de la religión con un espíritu crítico que busque esclarecer y comprender; es decir, tomar lo mejor de la religión, y lo mejor de la filosofía y de la ciencia.

La práctica de una psicología con alma, requiere del diálogo y el trabajo con lo inconsciente. En nuestra situación actual, con una constelación colectiva del arquetipo del Selbst, este trabajo es imperioso:

 

“La conciencia individual está rodeada por el mar amenazador de lo inconsciente (…)

El habitante normal de tierra adentro que se olvidó del mar, no asienta en tierra segura, sino sobre un suelo resquebrajado, donde en cualquier momento puede irrumpir  el mar a través de grietas continentales causando escisiones. El hombre primitivo conoce el peligro, no sólo a través de la vida de su tribu, sino también a través de su psicología propia, los ‘perils of the soul’, los peligros del alma según la expresión técnica. Tales peligros consisten en la llamada pérdida del alma o en el estar hechizado. Se trata en ambos casos, de fenómenos de escisión; en el primer caso, el alma del hombre diríase que ha emigrado, mientras que en el segundo, se trataría de una inmigración.”[83]

 

  1. La constelación del Selbst y la Psique colectiva

 

           ¿Cómo haremos, entonces, en las actuales condiciones de fragilidad debido al tremendo empobrecimiento en la conexión de la conciencia con el alma, para enfrentarnos a la tremenda prueba de la confrontación con el Selbst?

En lo que sigue, y para finalizar, pondré el énfasis en cuatro puntos:

A)    Los límites de la mente consciente para abordar la constelación del Selbst.

B)    La vida del propio Jung como ejemplo de confrontación con el Selbst.

C)    Destinos psíquicos posibles: i) una inflación del Yo, ii) una construcción regresiva de la persona, iii) una invasión masiva de los contenidos arcaicos, iiii) una conscientización individual creciente (y el simbólicamente denominado “posible descenso del Paráclito”).

 

A) Los límites de la mente consciente para abordar la constelación del Selbst.

            Al referirse al Sí Mismo[84]del mismo modo que cuando lo hace con la sombra y con la sicigia, Jung recurrentemente nos advierte del límite de nuestra mente para abordar estos factores psíquicos. Desde lo conceptual, sólo puede realizarse una descripción abreviada[85] de los mismosA la vez, nos enfatiza que para tener una noción aproximada o suficientemente adecuada de éstos, se requiere sinequanon de una base vivencial.

 

“…el intelecto no capta el fenómeno psíquico en totalidad, pues éste [el fenómeno psíquico] no consiste solamente en significado sino también en valor, el cual se sustenta en la intensidad del sentir concomitante. Hacen falta, pues, por lo menos las dos funciones racionales para trazar un esquema suficientemente aproximado de un contenido psíquico.”[86]

 

            En el caso del Selbst, cuando un ser humano “se topa” y se ve avasallado por la tremenda experiencia de totalidad psíquica, la cual involucra una tremenda lucha entre opuestos y una eventual conjuctio de los mismos, se estará evidenciando una actualización y una manifestación de este arquetipo.

En el presente trabajo me refiero al avance de lo inconsciente colectivo, y más específicamente a la constelación del arquetipo del Selbst y sus manifestaciones, por medio de sus características expresiones arquetípicas, no meramente en un contexto psicoterapéutico individual, sino por fuera de él, y con alcances masivos y planetarios. Ejemplo de esta constelación en la astronomía, lo encontramos en el Big Bang. Dimos otros ejemplos similares en otras disciplinas científicas que nos muestran claramente el actual carácter colectivo de la constelación del Selbst. Esta situación –dado lo colectivo de su alcance- afecta a todo tipo de personas, tanto a aquéllas que vienen haciendo un trabajo de conscientización de sus contenidos psíquicos, con un levantamiento progresivo de sus proyecciones, como aquéllas personas que no lo vienen haciendo.

Entonces, al abordar este tema, tendremos que tener muy presente la incapacidad de la mente puramente analítica para comprender las tremendas implicancias de la actual situación. Deberemos convocar a un trabajo con la totalidad de nuestro ser, y en particular, como ya ha señalado el propio Jung, a las dos funciones racionales –la sensibilidad y la reflexión- para intentar integrar la complexio oppositorum que implica la vivencia del Selbst. 

 

B) Jung y la constelación del Selbst en su propia vida

La contundente y arrasadora experiencia psíquica que involucra la confrontación con el Selbst está incomparablemente reflejada en la propia vida de Jung.

Como es sabido, la teoría junguiana, y principalmente el denominado proceso de individuación encuentra el material clínico de observación tanto en su trabajo con pacientes a lo largo de años, como a partir de la observación de su propio material autobiográfico.

La confrontación con la constelación del Selbst, lo encontrará a Jung en su madurez espiritual, y marcará un punto sin retorno para su existencia.

 

Respecto de la presencia del factor autobiográfico en su obra, expresa el autor:

“Hoy puedo decir: No me he alejado nunca de mis vivencias iniciales. Todos mis trabajos, todo cuanto he creado espiritualmente, parte de mis imaginaciones y sueños iniciales…”[87]

…(…) Toda mi actividad posterior consistió en perfeccionar lo que brotó del inconsciente, y que comenzó inundándome a mí. Constituyó la materia prima para la obra de mi vida.”[88]

 

Jung tuvo en su vida dos grandes crisis que dejaron notable huella en su obra. Estas dos enormes crisis “personales”, coincidieron significativamente con dos momentos culminantes en el destino de la humanidad: las dos guerras mundiales. Este paralelismo entre las dos tremendas crisis de Jung y los dos acontecimientos catastróficos que sacudieron al mundo por la misma época es casi inconcebible para nosotros. Sin embargo, así sucedió.

La correlación de estos acontecimientos –me refiero a la crisis colectiva que atravesaba la humanidad y la crisis personal de Jung- sería impensable, si no dispusiéramos de la noción de proceso de individuación colectivo, y cómo el proceso personal de Jung reflejaba holográficamente el proceso colectivo humano.

Edward F. Edinger, analista junguiano expresa al respecto: “De hecho, es mi convicción que a medida que ganemos perspectiva histórica, se hará evidente que Jung es un hombre de época. Con esto quiero significar a un hombre cuya vida inaugura una nueva edad en la historia cultural.

El hombre de época es el primero en experimentar y en articular plenamente un nuevo modo de existencia. Su vida, así, tiene un sentido objetivo, impersonal. Se convierte en un paradigma, la vida prototípica de una nueva era y de aquí su ejemplaridad”[89]

 

La primera de las crisis, desencadenada en la época de su ruptura con Freud, implicó su primera gran confrontación con las fuerzas del Inconsciente Colectivo. Como explicábamos, ocurrió simultáneamente con la catástrofe colectiva de la Primera Guerra Mundial. De la elaboración de esa crisis, Jung nos dejó el fructífero Libro Rojo que muestra su propia metabolización alquímica personal.

 

“En 1912 comenzó lo que hasta ahora ha durado casi cincuenta años. Todo cuanto he hecho en mi vida posterior ya está contenido en ellas [imaginaciones y sueños iniciales], aunque sólo en forma de emociones e imágenes.

Mi ciencia fue el medio y la única posibilidad de salir de aquel caos.”[90]

 

La segunda gran crisis de Jung, se superpuso con otra crisis catastrófica colectiva, la Segunda Guerra Mundial, según señalábamos, y se desencadenó a partir de un infarto. Este punto de inflexión vital para el psiquiatra suizo, es el que nos ocupa en la actual Tesina, pues es aquí donde él tuvo que enfrentar con todas sus fuerzas la manifestación arquetipal y numinosa del Selbst.

Según afirma Aniela Jaffé, destacada analista junguiana y secretaria de Jung por muchos años: “Jung había rechazado la confrontación por años. La  larga prehistoria de esto puede ser trazada hacia atrás hasta sus escritos tempranos. Necesitó, como él mismo admitió, de una severa enfermedad que quebrara su resistencia.”[91]

Durante este período crítico, Jung tuvo una revelación suprema de lo Inconsciente, con visiones de la conjunctio.[92] Así como en la primera crisis nos legó el misterioso Libro Rojo, en la segunda nos dejó un libro quemarca época en la literatura junguiana por el estado de ánimo desde el cual fue escrito. Este libro indefinible es Respuesta a JobEn él, encontramos a un Jung muy diferente del que estamos acostumbrados a leer; aparece un Jung que no es teórico sino doliente, emocionalmente defensivo, irónico y exaltado.

            Aniella Jaffé, comenta que el ejemplo más vívido de la confrontación con el Selbst es Respuesta a Job. El libro fue escrito cuando el psiquiatra suizo salió de la convalecencia que lo tuvo postrado por tres semanas.

 

“El sarcasmo de Jung, por el cual ha sido ampliamente criticado [en “Respuesta a Job”], debe ser entendido a la luz de su situación psíquica: era un mecanismo de defensa contra el ataque arquetípico, contra el “Dios” que lo tenía esclavizado.”

…(…) La estimación habitual de “Respuesta a Job” es que es un ataque apasionado y tosco al Dios del Antiguo Testamento, pero psicológicamente considerado es un intento de llegar a entenderse con la figura numinosa del Selbst y con su quebrada realidad…

 

            Este libro refleja palamariamente el alto costo psíquico que implicó para Jung la confrontación con los opuestos. No es el hombre de ciencia el que habla en ese libro, sino simplemente el hombre, el ser humano expuesto a una tremenda lucha interna, al observar los horrores que acontecen en el mundo a la par de las beatitudes vivenciadas simultáneamente. Su fe y confianza en “Dios” (en la terminología junguiana, se correspondería con una constelación numinosa del Selbst) –como la de Job- tambalean.

            Sin embargo, Respuesta a Job plantea un dilema moral aún más complejo que la mera rebeldía del ego limitado frente a “Dios”En este libro se toma “por las astas”, es decir, se aborda directamente, la falsa pretensión yoica humana de creerse capaz (omnipotente) de comprender en forma certera (sin huecos que dejen abiertos enigmas) dualidades tan tremendas como las del Bien y el Mal, Salud y Enfermedad, Beatitudes y Padecimientos; o de la mismísima Vida y Muerte.

            En esta dirección de ideas, Jung intenta mostrar a través de este libro, cómo la experiencia del Selbst nos planta frente al misterio. Cómo nos lleva a esa región de borde donde la mente trastabilla y se siente inerme para seguir avanzando frente a tan tremendos contrastes provenientes de la misma fuente –el Selbst-. Esta manifestación arquetípica nos confronta con la paradoja insondable de la Existencia, y nos hace percibir en forma contundente los límites de nuestra comprensión lógica con respecto al destino.

 

(…) Para Jung, por supuesto, la “quebrada realidad” se transformó en una ocasión para la reflexión objetiva tanto como para la investigación histórica y psicológica.”[93]

 

            Jung se animó a publicar este libro, a pesar de ser consciente del tono desmedido y del precario y endeble balance entre emoción y mente, que caracterizan el estado en que lo escribió. ¿Porqué lo publica, entonces? Indudablemente, Jung intuía que a esto se tendría que enfrentar próximamente la propia humanidad, o mejor dicho, el “hombre moderno”, como él denomina en sus textos sociológicos al ser humano que trabaja en su individuación. Y entonces, deja a este libro como un testimonio de su propia lucha interna y de la posible resolución dialéctica de la misma.

            Además, Jung nos advertía del peligro de que esta confrontación nos encontrara, como colectivo humano, sin mito. Sólo una conciencia enraizada – como la de Job- en un mito viviente, podría tolerar semejante confrontación sin salir despedazado psicológicamente ante la misma. Job, el personaje bíblico, era un hombre de fe, y toleró el terrible, inconcebible e impensable enfrentamiento con “Dios” (Selbst) sin volverse loco, por ser, precisamente él, un ser humano que habitaba un mito viviente (su fe en el mito del Antiguo Testamento).

            Job discute acaloradamente con Dios, lo enfrenta, lo interpela fuertemente cuando todo lo que amaba le es quitado. ¿Dónde está la Justicia Divina? ¿Dónde, el amor de Dios?

 

“El individuo que no está anclado en Dios no es capaz (…) de ofrecer resistencia al poder físico y moral del mundo: Para ello necesita el hombre la evidencia de una experiencia interior de trascendencia que es la única que puede librarle de caer en la masificación, de otro modo inevitable.”[94]

 

Al mismo tiempo Respuesta a Job, nos señala la novedad que simbolizó Cristo –en el proceso de individuación colectivo- en tanto representación de la encarnación o manifestación de la Imago Dei (Selbst). Y nos advierte de un peligro (del cual deriva lo que él denominó el fracaso de la religión[95]): Homologar la figura simbólica de Cristo con un Sumum Bonum, sin la presencia de una contrafigura compensadora para la psique –el Anticristo en calidad de representante simbólico del Mal-.

 

“Como totalidad, el Sí Mismo es siempre, por definición, una complexio oppositorum, y su manera de presentarse es tanto más sombría y amenazadora cuanto mayor sea la fuerza con que la conciencia vindique  su naturaleza luminosa y pretenda ser una autoridad moral.”[96]


            Jung encontrará que el libro del Apocalipsis, del Evangelio de San Juan es más equilibrado en este sentido, en tanto en el mismo vuelve aparecer la función psíquica compensadora del “Mal”, en la figura del “Cristo apocalíptico”.

 

 

 

C) Destinos psíquicos posibles ante la constelación colectiva del Selbst:

Esta peculiar y llamativa circunstancia a la que nos referimos en la Tesina, la constelación colectiva del Selbst, evidencia que “algo” en el proceso colectivo humano está impulsando el conocimiento del alma, es decir, el conocimiento de sí. Efectivamente, Jung señala lo siguiente:

 

“…la conciencia moderna a diferencia de lo que ocurría en el siglo XIX se ha vuelto hacia el alma con las más íntimas y fuertes expectativas, y no en el sentido de ninguna confesión tradicional conocida sino en sentido gnóstico.”[97]

(…) “La época quiere experimentar por sí misma el alma. Quiere una experiencia primigenia, rechazando todos los presupuestos y a la vez, sirviéndose de ellos como medios para un fin, incluyendo las religiones conocidas y la ciencia propiamente dicha.”[98]

 

            El abrirnos ‘a la experiencia del alma’, -que es lo que la época nos está pidiendo- puede tener un alto costo, pues este llamado arquetípico nos encuentra debilitados psicológicamente como colectivo: Por un lado, por la enorme distancia en el diálogo entre la conciencia y el inconsciente (a causa del materialismo científico instalado los últimos doscientos años); y por otro, por la pérdida del sentido mítico de la existencia (debido en parte a los dogmas religiosos que han sido vaciados de simbolismo y de su ejercicio hermenéutico). La humanidad está afrontando, entonces, una constelación arquetípica del Selbst desde un lugar psíquico muy unilateral. Este abordaje desbalanceado de la constelación del Selbst es sumamente riesgoso para el destino de la misma, y en estos momentos se hace realmente necesario meditar en profundidad en el tema para tomar conciencia de él.

            Los destinos individuales patológicos posibles ante una constelación del Selbst podrían ser:

i)        Reconstrucción regresiva de la persona

ii)      Inflación del Yo.

iii)    Psicosis

 

“El hombre común no alcanza esta tensiónla tiene sólo en el inconsciente.”[99](…)

“El hombre [común] no dispone de esa amplitud de conciencia que sería necesaria para realizar los pares de opuestos propios de la naturaleza humana, la tensión de los cuales permanece, por lo tanto, en su mayor parte inconsciente, aunque puede aparecer en los sueños”.[100]

 

“Esta totalidad representa la meta a que ha de llegar todo hombre, es decir, la realización de su totalidad e individualidad, con o contra la conciencia. (…) Subjetivamente es, desde luego, muy diferente el que uno sepa, viva y entienda lo que hace, y que se declare o no responsable de aquello que intenta hacer o ha hecho. (…)

El problema consiste en si el hombre será capaz de ascender a una cumbre moral más alta… (…) Pero el hombre no puede seguir avanzando en su camino si no conoce mejor su propia naturaleza.”[101]

 

            Si el Selbst está siendo constelado en el proceso de individuación colectivo, y encuentra a hombres y mujeres sin un trabajo de mínimo de integración de la propia sombra, la conciencia no tolerará esta confrontación. La misma, nos dice Jung, tendrá lugar pero en el inconsciente. En aquéllos que no toleren la tensión involucrada en esta confrontación –la gran mayoría de los seres humanos- Jung señala el riesgo de inflación del ego, de psicosis, y de reconstrucción regresiva de la persona.

            i) En este último caso, el de la reconstrucción regresiva de la persona[102]se vuelve a un estadio madurativo anterior, como mecanismo defensivo para frenar el avance de lo colectivo. El resultado será una personalidad ‘disminuida’, ‘restringida’, que no se anima a aceptar los desafíos habituales de la vida cotidiana, por temor a no resistir una eventual futura confrontación con lo inconsciente colectivo.

            ii) En el caso de la inflación del ego, Jung observa que la misma es una experiencia típica de aquél que tiene un contacto numinoso con el Selbst. Cuando un ser humano tiene un contacto de esta índole, es casi inevitable que el ego interprete erróneamente esa experiencia, sintiéndose un elegido, alguien especial. Sin embargo, si el ego tolerara la tensión de la complexio oppsitorum, podría quedar como “suspendido” entre los opuestos, posibilitando la resolución dialéctica de la misma, siendo ésta ocasión de un cambio trascendente en la personalidad. Esto se corresponde con una respuesta saludable de la psique, y con aquéllos pocos que tengan la fuerza moral y psíquica para afrontar saludablemente el ataque arquetípico del Selbst, pudiendo trascender la inflación del ego. Este tipo de resolución lo desarrollaremos en el punto siguiente.

            iii) Si en cambio, el ego inflado se termina identificando completamente con el Selbst ante un contacto numinoso con el mismo, se apropiará de una grandeza que no le pertenece, y se la adjudicará como propia. El egocree, entonces, ser la totalidad. Tendremos así, los casos de paranoia (una forma de psicosis por ‘emigración del alma’, dirían los indios Goñi)Son aquéllos hombres y mujeres en quienes como el ego está identificado con la totalidad de la psique -y se la apropia-, cuando algo o alguien no responde a su voluntad consciente, lo ve como un enemigo o un perseguidor. Es una psicología que no tolera las diferencias por haberse identificado de modo masivo e indiferenciado con el todo. Los paranoicos están investidos de un sentimiento de superioridad –generalmente intelectual-, y se creen especialmente capacitados para dirigir los destinos humanos, al estar influenciados por la potencia numinosa del Selbst, la cual decodifican erróneamente como potencia puramente egoica.

            En situaciones no tan extremos de inflación del ego encontramos lo que Jung denomina “el profeta” (falso profeta), y el discípulo del profeta (falso discípulo)[103]Si observamos a nuestro alrededor, veremos que hoy sobran ejemplos de falsos profetas. Aquí, la personalidad ha tenido efectivamente algún contacto con el tesoro arquetipal del inconsciente colectivo, y se siente elegida para difundir la preciosura del mismo.

            En el caso de las psicosis esquizofrénicas, el tremendo avance de las fuerzas arquetípicas de lo Inconsciente colectivo hace sucumbir al yo, el cual queda invadido y difuminado por éste (una forma de psicosis por‘inmigración del alma’, citando nuevamente a los indios Goñi).

            Hoy el riesgo psíquico de psicosis es más alto que nunca. Jung nos alertó de esto. Consideraba, a partir de su práctica y observaciones en la clínica, que de cada caso de psicosis declarado, había diez casos latentes. Y anticipaba que el estudio de la psicosis y de la psicología del hombre arcaico sería cada vez más necesario e importante.

 

“Según mis estimaciones, por cada enfermo mental declarado existen como mínimo diez casos latentes que no suelen salir a la luz. Pero el modo de ver y el comportamiento de estas personas, pese a su aparente normalidad, están sometidos a influencias enfermizas y perversas.”[104]

 

            Debemos considerar seriamente que cuanto más precario sea el diálogo entre el consciente y el inconsciente, más sombrías y arcaicas serán las compensaciones enantiodrómicas, teniendo éstas hoy alcances masivos dado el carácter colectivo de la actual constelación del Selbst.

 

Cuando una excitación compensatoria de lo inconsciente (…) no es integrada a la conciencia conduce a una neurosis o incluso a una psicosis, y otro tanto cabe decir de un colectivo. (…)…sólo podemos comprobar las carencias en la conciencia de nuestra época si observamos la clase de reacción provocada en lo inconsciente.”[105]

 

iiii) Respuesta saludable: Una conscientización individual creciente.

            Una respuesta saludable a la constelación del Selbst vendría acompañada por una comprensión crítica de los procesos colectivos[106], lo cual, a su vez encaminaría el despliegue de una personalidad indivisa, con una integración de las cuatro funciones psicológicas.

 

“La integración de los contenidos inconscientes es un acto individual de realización, comprensión y valor moral. Es una tarea muy dificultosa que exige un elevado grado de responsabilidad ética. Sólo de un número relativamente reducido cabe esperar la capacidad para un logro semejante…”[107]

 

            Esa minoría de seres humanos que han venido haciendo un trabajo concienzudo, es aquella que estará en condiciones de tolerar la confrontación. El opus lo han venido realizando por un lado, a través de la continua toma de conciencia de las fantasías generadas por el inconsciente; y por el otro, a través del levantamiento progresivo de los contenidos psíquicos proyectados sobre el entorno; Cuando el Selbst enfrenta al ego con la totalidad de las fuerzas psíquicas, la experiencia en sí marcará un punto de irreversibilidad en la psique y un cambio radical en la personalidad[108].

 

“Si nos representamos la conciencia con el yo como centro, frente al inconsciente; y si ahora consideramos el proceso de asimilación del inconsciente, podemos concebir esta asimilación como una especie de yuxtaposición del inconsciente con la conciencia, donde el centro de la personalidad total ya no coincide con el yo sino con un punto intermedio entre ambos sectores. Este sería un nuevo punto de equilibrio, un nuevo centro de gravedad para la personalidad total; centro virtual acaso, que por su posición central entre la conciencia y el inconsciente, proporciona a la personalidad un nuevo y seguro fundamento.”[109]

 

            Ya no podremos hablar más de la división consciente – inconsciente, como hasta ahora. Se instalará un nuevo centro de gravedad en la psique que oficiará de puente comunicador entre ambos factores psíquicos.

 

“Así se conjuga la conciencia y el inconsciente. El resultado es el movimiento de ascenso de la llama, la transformación del fuego alquímico, el nacimiento del ‘espíritu sutil’. Esto es la función trascendente que resulta de la unificación de los opuestos.”[110]

 

            Ahora, ante la constelación del Selbst, el yo se confronta con toda la psique, quedando inerme y crucificado ante la indiscutible prevalencia e imponencia del Selbst.

 

“Este símbolo grandioso quiere dar a entender que el progresivo desarrollo y diferenciación de la conciencia lleva a un reconocimiento, de más en más amenazador del conflicto de los opuestos, y significa nada menos que una crucifixión del yo; el estar suspendido entre dos opuestos inconciliables. No puede tratarse, ciertamente, de una total extinción del yo, pues si no quedaría aniquilado el foco de la conciencia, lo que tendría por consecuencia una inconciencia total. (…)…el yo es un espectador sufriente, que no decide, sino que debe someterse a una decisión bien o mal de su grado.”[111]

 

2. La confrontación colectiva del Selbst y el ‘descenso del Paráclito’

           

            Debido a la enorme variedad de estados madurativos psíquicos posibles en cada ser humano, como vimos, la constelación colectiva del Selbst desencadenará diversos destinos psíquicos individuales que he abordado brevemente. Sin embargo, también debemos preguntarnos por los efectos que esta constelación puede tener sobre toda la humanidad como especie.

            Jung consideraba que el trabajo psíquico necesariamente era individual. Pero al mismo tiempo, enfatizaba que el trabajo individual repercutía en el proceso de individuación colectivo (dado el carácter holográfico de toda la naturaleza).

            La constelación colectiva del arquetipo del Selbst deberá sin duda tener consecuencias tremendas en la Psique Colectiva, a juzgar por la dramaticidad que implicó esta confrontación simbólicamente en la vida de Job, e históricamente para el propio Jung. Por lo pronto, es esperable la manifestación de los estratos más arcaicos de la psique, que de facto, ya estamos observando a través de la creciente anarquía y fragmentación social, y de hechos tanto psicológicos como telúricos (debido a la naturaleza psicoide de los arquetipos) cuyo alcance conmueven al planeta todo. Entre las capas de la humanidad más frágiles a las fuerzas de lo colectivo, los riesgos decontagio psíquico masivos hoy –y sus consecuencias sombrías- son mayores que nunca antes. En este sentido, es muy importante estar atentos al acontecer mundial e intentar ir leyéndolo simbólicamente, como colaboración en esta tarea de conscientización de las manifestaciones psíquicas colectivas del inconsciente. Sin embargo, también es cierto que esta circunstancia  instala una situación auspiciosa sin precedentes, con una posibilidad real de un cambio radical, y de un hecho inaugural en la psique colectiva que requerirá de toda nuestra fuerza moral.

            Jung salió de esta dramática y tremenda experiencia con el mito renovado en él. Hoy a nosotros la constelación del Selbst nos encuentra sin un mito central eficiente. ¿Cómo lo enfrentaremos?

            El psiquiatra suizo le daba mucha importancia al simbolismo del nacimiento de Cristo en la historia psicológica de la humanidad. Consideraba que éste representaba la encarnación de la Imago Dei (concientización del Selbst), observado este hecho a la luz del proceso de individuación colectivo.

            Jung toma algunos hitos, de la tradición judeocristiana, como puntos simbólicos destacados de este proceso de individuación colectivo, para comprenderlo:

·                    Uno de ellos es el enfrentamiento de Job con Dios, frente a lo que Job considera injusticias y falta de cumplimiento del pacto entre el hombre y Dios. El hombre representa aquí a la conciencia yoica o al sujeto de la conciencia; y Dios representa a la totalidad de la pisque, y la meta de la individuación. Este momento simbolizaría a una conciencia ya firmemente arraigada y diferenciada de las fuentes primitivas y arcaicas de lo colectivo, que frente a un ataque numinoso de las mismas, autogenerado desde el Selbst es capaz de resistirlo, y de reconocer hacia el final de la confrontación, la trascendencia del Selbst[112]. No nos olvidemos para tener un atisbo de tamaña empresa, que el Selbst, en tanto punto de origen y de fin –“el alfa y la omega”- actualiza lo arcaico con todo su poder al constelarse.

·                    Otro hito es el nacimiento de Cristo. Jung ve en esto a la encarnación de la Imago Dei en el hombre, es decir, se establece definitivamente un puente entre el Sujeto de la Totalidad de la psique (Selbst), y el sujeto de la conciencia (yo); y en ese acercamiento mutuo, ambas instancias se modifican mutuamente: Expresándolo con terminología del simbolismo religioso, “el encuentro con su criatura también modifica al Creador”. A esta encarnación de la Imago Dei, Jung la considera como la respuesta a los padecimientos de Job“Dios [representación humana de la totalidad –Selbst-] tiene la vivencia del hombre mortal, y experimenta aquello mismo que él hizo sufrir a su fiel siervo Job.[113]”  Sin embargo, señala lo peligroso de desmitologizar a Cristo (es decir, quedarnos meramente con su sentido literal y dejando por fuera sus implicancias simbólicas). Asimismo, enfatiza el desbalance psíquico que genera el asimilar su figura sólo con la función del Amor. Pues si dejamos toda la Misericordia y el Bien para la Imago Dei, el Rigor y el Mal quedarán para los hombres. Esta dicotomía es, efectivamente, muy peligrosa. Por eso, propone la figura complementaria del Anticristo. Traigo aquí a la consideración, el carácter psicoide de los arquetipos. El psiquiatra suizo solía decir que éstos operan como verdaderas entidades vivientes. Todos conocemos la fuerza de las ideas. Es temerario subestimar el poder de los arquetipos. Por eso, la ubicación de figuras y funciones simbólicas contrabalanceadoras de parcialidades peligrosas se convierte en una necesaria tarea. Cuanto más cerca del Cielo se eleve la copa del un árbol, más profundas –necesariamente- deben hundirse sus raíces.

·                    En este sentido, Jung ve muy auspicioso, por sus resonancias simbólicas, tanto el agregado del libro del Apocalipsis al final del Evangelio de Juan, así como el reconocimiento papal en 1950 de la Asunción de María. Respecto del Juan del Apocalipsis, Jung dice de él que “su campo visual se extendió más allá de la primera mitad del eón cristiano” (el eón de Piscis). Durante los primeros mil años de la era de Piscis, el cristianismo se polarizó del lado del Pilar del Bien, del Espíritu y de la Misericordia. Por lo tanto, por compensación enantiodrómica, la segunda mitad de este eón, se orientó hacia el Pilar complementario del Mal, de la Materia y del Rigor. Juan en el Apocalipsis, incluye la figura de un Cristo riguroso y justiciero; esto es una demostración de un proceso psicológico de integración entre ambos polos. Recordemos que el Selbst, en tantoarquetipo de totalidad debe necesariamente incluir a ambos. Es tarea del hombre en su confrontación con el Selbst, aprender a caminar sin identificarse entre los opuestos, aunque reconociéndolos, para aprender cuál es el sentido y la función de cada uno. Entonces, en el eón de Piscis que está finalizando, es fundamental meditar en la función simbólica necesaria que cumplen el rigor, la materia, y el mal dentro de la totalidad. Luz y Sombra, Bien y Mal, y toda dualidad que se nos ocurra, encuentran su raíz en la Unidad de la cual todo procede. He aquí el misterio del Selbst: “Yo formo la luz y creo la oscuridad, hago la paz y creo el mal” (Isaías, 45:7). Si la compensación se reduce sólo a un movimiento enantiodrómico mecánico, la conciencia humana no habrá aprendido acerca de este tremendo misterio. Tenemos la responsabilidad –a diferencia de otros reinos- instalada por la posibilidad de la autoconciencia, de integrar el sentido de ser de la complexio oppositorum que mueve al universo.

·                    Con respecto a la Asunción de María, elevada a la categoría de esposa en el tálamo eterno (lecho nupcial en donde tiene lugar la unión sagrada, aludiendo a las bodas místicas), Jung encuentra en la misma una semejanza con la unión mística que aparece en el Apocalipsis y de la cual nace el Hijo, mediador y pacificador (entre los opuestos). Pues, señala, “el proceso de individuación concluye [siempre] con el símbolo de la hierogamia, de las nupcias del hijo con la esposa-madre”.[114] Toda encarnación de la Imago Dei, va precedida por un casamiento sagrado, la Mysterium Conjuntionis de los alquimistas. La unión sagrada entre laMadre-esposa y el Hijo, es un tema recurrente en muchas cosmogonías, y debe ser entendido metafísicamente. Desde la perspectiva psicológica junguiana, el reconocimiento de la divinidad de María por parte de la institución eclesiástica es un poderoso acto simbólico colectivo que repercute en la individuación colectiva en tanto involucra una unión sagrada, y como tal, la vivencia de una unidad trascendente (manifestación del Selbst).

·                    En esta línea de tomar la historia del simbolismo religioso judeocristiano como mito de la individuación, Jung considera que otro punto decisivo de la misma por sus profundas implicancias psicológicas, es el momento de la Última Cena Pascual de Jesús con sus discípulos. Ante la lamentación de éstos por la despedida anunciada, Cristo promete un Consuelo en su lugar: “…y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito[Consuelo] para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. (…) Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy os lo enviaré. (…) Cuando venga el Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad completa…”[115]. Señala Jung enRespuesta a Job lo siguiente con relación a este punto de la historia religiosa:  “Cuando Cristo abandone la tierra rogará al Padre que envíe a los suyos un ‘Consuelo’ (el Paráclito), el cual permanecerá eternamente junto a ellos y dentro de ellos. (…) . Cristo pensaba pues en una realización continuada de Dios en sus hijos [refiriéndose a este diálogo siempre renovado entre el Selbst y le conciencia].” Permítanme dos reflexiones respecto a lo anterior. En primer lugar, el descenso del Consuelo que “guiará con verdad”, es posible sólo para algunos que estén en condiciones de recibirlo, pues, al decir de Cristo, no cualquier ser humano puede hacerlo “porque no le ve ni le conoce.” A lo largo de la Tesina hemos explicado que en el proceso de individuación colectivo, hay seres humanos pertenecientes a diferentes estadios madurativos, y que aún hoy hay ‘hombres y mujeres del medioevo’, ‘hombres y mujeres del Renacimiento, otros del siglo XIX… Y sólo unos pocos son “hombres y mujeres modernos” en el alcance que le daba Jung a esta idea, refiriéndose por tal a aquéllos que habían ido metabolizando y comprendiendo simbólicamente la historia; y eran capaces de vivir en el hoy sin residuos psicológicos. Esta última calidad madurativa de seres humanos escasea, pero existe. Son éstos los que estarán suficientemente abiertos al Espíritu de Verdad, y por lo tanto, en condiciones de recibir al Paráclito (confrontar saludablemente con el Selbst y tolerar la tremenda tensión psíquica que este enfrentamiento conlleva). En segundo lugar, y conectado con lo anterior, aquel grupo que esté en condiciones de hacerlo, inaugurará –de ser posible que esta circunstancia culmine exitosamente- un período novedoso en la historia de la humanidad, que bien podríamos denominarlo una cristificación grupal, o la continuación del proceso de florecimiento inaugurado por Cristo, en el proceso de individuación colectivo (correspondiente al eón de Acuario).

 

“…la inhabitación de la tercera persona divina, es decir, del Espíritu Santo, en el hombre, origina una cristificación de gran cantidad de hombres…”[116]

 

            Es mi profunda convicción que el destacado psiquiatra suizo con su visionario talento, sin dudas anticipó la posibilidad de una cercana constelación colectiva del Selbst. Y que, asimismo, era plenamente consciente de los riesgos que esto implicaba desde un punto de vista psíquico. Por eso, dedicó su vida a alertar acerca de la necesidad de llevar a cabo un trabajo interior (con el alma, con psiqué), y de esmerarnos en la comprensión simbólica de la realidad, sabiendo leerla entrelíneas, inteligiéndola.

            Selbst, Punto Primordial, Origen y Telos, están hoy abriéndose y constelándose delante de nuestros ojos. ¿Cómo responderemos? ¿Nos veremos arrastrados compulsiva y ciegamente hacia el Caos originario (cuando el yo –sujeto de conciencia- sucumbe ante las fuerzas de lo colectivo)? ¿O nos pararemos conscientemente sobre éste, nuestro Arché (Arca o Matriz arquetípica formal), comprendiendo y tomando conciencia con todo nuestro ser de que este Punto Solis, la Mónada, es nuestro fundamento, la Base, Fuente o Raíz sobre la cual nos sostenemos y sobre la cual se sostiene la Vida misma? Si así fuera, la Base nos guiará con Espíritu de Verdad  en la ‘realización – florecimiento’ de nuestro telos, de nuestra meta.

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María del Carmen

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